A Mendes se le envenenó la carta de la Fiorentina y le pasó parecido con la de los Wolves. Y con los comodines del Villarreal y el Sevilla no llegaba ni para compensar lo que faltaba por amortizar de su fichaje. Así que Bordalás cogió el toro por los cuernos y aquí paz y después gloria. Aunque su padre nunca se ha retractado, a la gran mayoría le trae ya sin cuidado lo que dijo. Importa que esta versión de Guedes, muy beneficiado por el cambio de posición y su nuevo rol, es la mejor que se le ha visto. De las dos caras que tiene el portugués, lo dicen también los números, esta es la buena. Y como dice su entrenador, “todavía puede dar más”. Que así sea, por el bien de todos. En especial del míster, que es quien más se la ha jugado con él en la apuesta por no malvenderlo. Una decisión, a nivel deportivo y económico, que se perfila diferencial. El Valencia no podía permitirse otra escena como la de Guardiola al asegurar que fue un chollo fichar a Ferran. Ojalá todo siga por el buen camino que va. Lo primero, disfrutarlo aquí. Y después, si no quedase otra, que haga su último servicio dejando un jugoso traspaso. Mejor dentro de un año que en enero, por descontado. Y mucho mejor también si lo que entra en caja se destina a mejorar. 

Exigencia

Se le ha atribuido a muchos deportistas y la han usado numerosos clubes también como lema, pero fue el golfista Gary Player, uno de los grandes de la historia, el que acuñó esta frase: “Cuanto más entreno, más suerte tengo”. Seguro que Bordalás la conoce y por eso la aplica. Lo demostró con una sesión de cuatro horas que dejó con la lengua fuera a más de uno, sobre todo a los que no hicieron a sus órdenes la pretemporada. Al final no se trata de trabajar más o menos horas sino de hacerlo con una exigencia máxima. Ninguna otra receta da mejores resultados.