Entre los últimos minutos contra el Real Madrid y los primeros de este miércoles, al Valencia de Bordalás se le ha visto una cara inesperadamente irreconocible, primero con una mala gestión del resultado y después con fallos impropios de un equipo con el objetivo de encajar menos de 35 goles en LaLiga. No hubo partido desde el 3-0, a partir del que el Sevilla levantó el pie y el Valencia se limitó a aguantar el tipo, así que el interés se trasladó del campo a la sala de prensa, donde el entrenador dijo sin medias tintas lo que tenía que decir, que es por otro lado lo que nadie habría entendido que no dijera al hablar de errores «infantiles» y goles «de risa». No fue un problema de la unidad B pero sí un palo, en especial para un Mamardashvili al que lo mejor que le puede pasar es perder el puesto. Y es que la bofetada de realidad, más allá de la portería, va a servir para reajustar la temperatura de las expectativas y bajar en parte la espuma que no paraba de subir. Igual que en las victorias, los pies en el suelo también en las derrotas porque esto es largo y de momento lo que falta por ver es dónde va a estar el verdadero término medio, seguro que muy lejos de los graves despropósitos del Pizjuán y ojalá que más cerca de la excelente versión de Pamplona.

Fin de ciclo

Mucho tienen que cambiar las cosas para que esta no sea la última temporada de Paco López. Los indicios de fin de ciclo están desde el final de la pasada, pero la cuestión ahora es si los caminos del Levante y el mejor entrenador de su historia se separan cuando termine su contrato o antes de junio. El mensaje de tranquilidad desde el club no es una pose porque ha sido el mismo en otras crisis parecidas a esta. Pero la preocupación no se puede disimular y tampoco que la situación es ya límite. Como otras veces, ojalá se remonte.