Dos días faltan para ver de qué es capaz el Valencia de Bordalás en el Camp Nou, escenario donde reaparecerán Gayà y Soler y con ellos ojalá que una versión más parecida a la de las cuatro primeras jornadas que a la de las últimas. Desde que la mala gestión de la recta final contra el Real Madrid costó el liderato, es cierto que el suflé ha bajado y que el equipo no ha vuelto a ganar, pero también lo es que salvo el día del Sevilla se ha dado la cara siempre y que hay un convencimiento total en que así va a seguir siendo. Contra un Barça en horas bajas, el valor de los puntos en juego va sin duda más allá de acabar por encima o por debajo del décimo puesto, frontera a la que se ha llegado tras cuatro jornadas sin victorias. Aunque es pronto y los resultados no pesan, la realidad es que la clasificación de aquí a final de año va a servir para medir la temperatura del proyecto y la necesidad de encarar el mercado de invierno con más o menos urgencias. Y es que a las primeras de cambio ha quedado patente lo que se sabía, que una cosa es que el técnico vaya a sacarle máximo rendimiento a los recursos que tiene y otra que sean suficientes. Es algo que se ve sobre todo en posiciones claves, ya sea en la del pivote defensivo, pese al rendimiento de Guillamón, o en la zaga, donde Diakhaby tiene todas las papeletas para ser el siguiente gran milagro.

Papelón complicado

En el caso del Levante de Javi Pereira solo falta un día para el estreno contra el Getafe, el rival más asequible de un calendario de aúpa con el que no solo va a medirse el efecto del relevo en el banquillo sino que va a poner a prueba tanto los nervios como el aguante del entorno. De Buñol continúan llegando imputs positivos, pero el auténtico reto para Pereira y su staff técnico es convertirlo en hechos en el menor tiempo posible.