Antes del famoso corredor mediterráneo existía el clásico mediterráneo. Porque los duelos entre el Valencia y el Barcelona no solo vienen de lejos, sino que tienen más emoción que ningún otro. El de mañana también, aunque hay más morbo añadido que otros. La victoria cuando Messi estaba enfrente eran el súmmum (final de Copa de Sevilla), pero cualquier triunfo en el Camp Nou (o Nou Camp, nunca me acuerdo bien) sabe a gloria. Esta temporada es preciso. No solo porque Koeman está en el banquillo local, de momento, sino porque Laporta es el tipo de presidente populista que merece estar muy lejos del fútbol moderno.

Del técnico holandés solo recordar que faltó al valencianismo sin ningún criterio, pero sin olvidar que el auténtico responsable de que tres jugadores que han hecho historia en Mestalla se les apartará como si tuvieran la peste fue de Juan Soler. El tiempo pone a cada uno en su sitio, y miremos donde está hoy uno de los peores presidentes de la historia, y qué hacen Cañizares, Albelda y Angulo. Por fortuna, aquella guerra que ejecutó Koeman por expreso deseo de Soler ha cicatrizado, lo mismo que sucedió después con la venta a Lim. Aquel divide al valencianismo lo acaba pagando siempre.

Laporta ganó las elecciones al Barça con solo poner una lona con su cara cerca del Bernabéu. Esa gracia a la contra de su eterno rival y su palabra que Messi seguiría de azulgrana le dio una victoria aplastante. Pese a la envidia de poder votar un presidente, está claro que no es una opción infalible. Con el barcelonismo tocado en la médula, Laporta se ha convertido en el mesías salvador de un pueblo en pena, y eso tiene un peligro elevado. También lo ha sufrido Mestalla.

Por tanto, lecciones pocas. Ni azulgranas, ni merengues. Cada uno lleva su casa como puede, o le dejan, y tras la caída del caballo del prepotente Barça, solo cabe esperar lo mismo del Madrid, falta muy poco. A partir de ahí, el campeonato liguero recuperará todo su esplendor, el mismo que tenía en los años treinta, cuando todo el fútbol europeo miraba a esta orilla del mediterráneo para disfrutar de un partido que es único.