¿Se imaginan a un murciélago sin colmillos? ¿O a Kobe Bryant sin el veneno de una ‘’mamba negra’? Los campeones tienen ese denominador común del instinto asesino. Pura supervivencia y resiliencia. Anoche se echó de menos ese mordiente. Picar al rival y asestarle un golpe mortal, aunque no tengas el día. Penalizar el error contrario y aprovechar las oportunidades.

Que el Valencia de Bordalás es un equipo que quiere y compite está fuera de duda. De hecho eso y el orden táctico es el punto de partida con el que el equipo arrancó la temporada. Pero para seguir creciendo falta remarcar ese carácter y personalidad. La sensación es que al Valencia le falta un grado de picardía para gestionar mejor los partidos, sobre todo, en los que superas en dominio al rival. Ocurrió en los últimos minutos en Mestalla contra el Madrid, al que pudiste golearle antes. Pecaste de inocencia frente al Sevilla, que te finiquitó rápido e incluso en Cádiz para convertir un empate insulso en una victoria merecida.

No es menos cierto que hay una ausencia evidente de piezas para completar el fondo de armario, pero hablemos de aspectos que se pueden mejorar en el transcurso de la competición. El Barça hizo más faltas que el Valencia, sí, pese al árbitro. Se repitió contra el Athletic, en Cádiz y en el Pizjuán. Con este Valencia comprometido y competitivo falta ese equipo con los ojos inyectados en sangre. Ser agresivo, que no violento. Ser un rival incómodo. El Valencia fue al Camp Nou con "mentalidad de equipo grande", pero ahora debe salir del corazón. Solo con esa rabia interior se puede alcanzar el siguiente nivel. Aun así estoy tranquilo creo que el ‘bronco y copero’ llegará.