Si alguien pensaba que el Valencia CF iba a jugar de tú a tú a la Real Sociedad estaba muy equivocado. O no conocía el potencial de los de Alguacil. O no sabía de las limitaciones de este Valencia.

José Bordalás planteó el partido que tenía que plantear. Con el que se siente cómodo y con el que se sentía incómoda la Real. Los donostiarras acabaron desquiciados. Sin espacios. Con interrupciones. Sin continuidad en su fútbol. Con broncas.

Y así fue como Aritz acabó expulsado y como el Valencia pudo ganar en el descuento. Los tres goles en contra del Atlético hicieron mucho daño en clave vestuario. La respuesta no pudo ser mejor. Se cortó la hemorragia y se sumó un punto que tendrá aún más valor si se gana al Rayo.

Por cierto, poca broma lo de Foulquier. Cada día que pasa es más titularísimo. El francés es el fiel reflejo de Bordalás en el campo. Su presencia en el equipo es sinónimo de identidad y personalidad. Y esa fue la gran ‘victoria’ del Reale Arena. Volver a ser un equipo reconocible.