Como uruguayo aún me duele la destitución del Maestro Tabárez. El seleccionador que en quince años no solo volvió a colocar a la absoluta uruguaya en la mesa de los mejores del mundo, sino que deja un legado aún mayor: un pionero proyecto de cantera nacional para paliar la falta de formación en las escuelas del país. Impresionante... viniendo de donde venía Uruguay. Jorge Señorans, autor de la biografía más famosa sobre el ya exentrenador, contaba esta semana en Play Fútbol que, cuando el Maestro quiso hacer su primera convocatoria allá por marzo de 2006, la federación uruguaya no tenía una agenda con los números de teléfono de los futbolistas. ¿Cómo es posible? Porque era Paco Casal, el legendario representante de futbolistas, quien se comunicaba con ellos. Él controlaba las convocatorias, ese era el nivel de amateurismo.

Si en algo se parecen los proyectos de Tabárez y Bordalás, es que cuando ambos empezaron, nadie quería estar. Pero bien visto, como dijo Luis Enrique a sus jugadores antes de la Euro, «esa es la situación ideal». «Solo confían en nosotros la familia y los amigos», y ya sabemos cómo acabó aquello. Difícil confiar en el Valencia cuando los fichajes estrella del equipo son Foulquier, Alderete, Hugo Duro, Hélder Costa y Marcos André. Cuando siete partidos sin ganar te tiran por tierra el mínimo haz de luz. Sin embargo, tres partidos después de aquello y tras el no-remate de Gayà en la última del partido, la sensación generalizada era otra: «este equipo, con un par de jugones más, estaría para pelear por estar arriba». El lío institucional, con Anil y el bailarín Joey Lim a la cabeza, hace que al equipo se le pida cada vez menos. Cuando va bien, el Valencia es la Bordaleta. Cuando vienen mal dadas, nos acordamos del inexistente proyecto en los despachos, como es lógico.

En la ciudad donde quemar la falla es el deporte por excelencia, a la gente le está costando exigirle al equipo que se meta en Europa sí o sí, algo que en otras temporadas parecía impensable. Hemos asumido que las siete plantillas que este año juegan competiciones internacionales (Atleti, Real Madrid, Barça, Sevilla, Betis, Real y Villarreal) están a otro nivel. Que el Valencia tiene muchas menos armas en el campeonato parece una obviedad. Bordalás tiene un equipo de entreguerras, sí. Pero lo más importante es que los suyos tienen muy poco que perder. De momento, este Valencia es más bronco que copero, pero eso es lo que se le pide. Nadie pretende que Racic y Wass en el doble pivote desprendan fútbol champagne por los cuatro costados. El Valencia está para esto. Pero en una liga cuyo nivel va a menos cada temporada, solo con esto puede valer. Dependerá no de cómo el equipo se aferra a los partidos contra los grandes -con las ya citadas excepciones-. Rayo, Celta, Elche, Levante y Espanyol son el tipo de partidos que deciden la temporada... pero que también obligan al Valencia a salirse de su guion preferido: el de que nadie dé un duro por ellos.