Al coincidir de manera apoteósica la celebración del gol de Soler con la mega-protesta del minuto 19, Mestalla demostró sin ningún género de dudas que la suerte de Lim está del todo echada. El máximo accionista podrá ampliar capital o cantar bajo la lluvia de CVC pero no librarse de la soga que él mismo se ha puesto en el cuello. Por si acaso no hubiese quedado suficientemente claro con la convocatoria de otra manifestación, ni siquiera le salvará que al equipo le dé por ganar partidos. Aunque su esperanza y la de Anil pasaba por él, Bordalás no está siendo capaz de desactivar la carga de dinamita que supone estar al mando de un proyecto tan mediocre. Este sábado, contra el Rayo, empate y gracias. Una victoria en 11 jornadas y cuatro en toda la temporada hablan de una trayectoria insuficiente, amén de una desinvolución palmaria. Que en verano la plantilla se cerró en falso y que faltan fichajes es del todo cierto. Pero también lo es que la propuesta de juego, más bronca que copera o cualquier otro adjetivo, cada vez resulta más cuestionable. Por resultados está claro que de momento no compensa, aunque hay que reconocer, así en las buenas como en las malas, que en el banquillo se sienta un verdadero entrenador, lo cual viniendo de donde se viene ya es decir. 

LaLiga

Más allá de otro insípido empate en un partido que era clave, con la decepcionante indiferencia del final también quedó claro que nadie va a apuntar a los jugadores ni al banquillo sino solo a Lim y sus embajadores. El estadio, entregado al equipo, fue un clamor hasta que el árbitro pitó y se hizo el silencio. Pese a la censura de la retransmisión, nada por desgracia que sorprenda, los aficionados empuñaron en masa sus carteles amarillos. Fue de agradecer, al menos, que los comentaristas no tomasen el camino fácil de pasarlo completamente por alto. Tebas, que pasó de puntillas por València y estará tomando nota detrás de la realización, tiene que tomar también partido y dejar de posicionarse a favor de una gestión a todas luces injustificable. Es un camino reñido con revalorizar una competición amenazada tras el Covid, aunque no tanto como el Valencia.