Hace unos días comentábamos en la redacción la sección de Pablo Ibarburu en la Resistencia. La diferencia, o las diferencia, entre la película de 50 cent y La La Land (míralo en YouTube antes de continuar). Esa fue un poco la sensación tomando con distancia la gala del Balón de Oro. Mientras en el Barcelona y el Madrid todo se reduce a una pelea por si la ganaba Messi o no y ver quién salía vencedor, en València estábamos pendientes de ver qué jugadores llegarán a la próxima jornada, la reclamación de la amarilla a Diakhaby y un Consejo de Administración en el Ciutat con el Levante colista y sin un atisbo de mejoría tras la llegada de Javi Pereira. De hecho el técnico ya es historia, igual que toda la dirección deportiva. Como para preocuparnos por si el Balón de Oro es justo o no. Esos problemas de ‘rico’ también dejan clara la distancia a la que se encuentra la ciudad de València de la felicidad en esto del fútbol este año y lo fácil que es quejarse cuando lo único que te preocupa es si Messi lo merecía o no. 

Copa del Rey

En una semana con polémicas de todo tipo, la competición copera aparece casi sin excesiva importancia. El Valencia puede apostar por algunos jóvenes y sumar jugadores para la causa. Koba y Yunus ya han demostrado de sobra que se puede contar con ellos. Marcos André también sabe que con minutos puede ir demostrando el porqué Bordalás insistió tanto por su fichaje. Y en el Levante todo podría servir al menos para lograr la primera victoria en más de medio año. Hay dos opciones: ganar y conseguir algo de moral y tener más recursos para el futuro más inmediato o sufrir un KO que demuestre que las cosas están peor de lo que muchos piensan. Hay que confiar en la primera. Ojalá sea el punto de inflexión para que en Mestalla el equipo se acerque a Europa en LaLiga y el Levante mire hacia la salvación.