Gerard López, entonces propietario del Lille, contestaba una oportuna pregunta del diario AS en la previa de un partido de Champions ante el Valencia. «¿Por qué compró el Lille y no, por ejemplo, un club español?». Al fin y al cabo, hablamos de un empresario luxemburgués, pero de padres gallegos y que en su día intentó comprar sin éxito el Lugo. Lo del Lugo, dice, era por un tema casi que de ego: quería ser profeta en la tierra de sus antepasados y rescatar a un club en horas bajas. Lo del Lille iba por otro camino. «Hicimos un estudio de mercado y me di cuenta de que la Ligue 1 es más que la Liga de un país. Es una Liga continental, en la que está representado casi toda África». López vio un torneo sin costes altos y con comodidad para pescar en las buenas (y baratas) canteras de las excolonias, que además es una liga trampolín para el talento de otros países. «Es un proyecto que se basa en jóvenes jugadores, somos la plantilla más joven de la Ligue 1 y de la Champions».

López, amigo de Peter Lim, hizo público en esa misma entrevista algo que el singapurense nunca se atrevió a decir por boca propia: «Lim también busca un proyecto de gente joven. Quizás nosotros seamos un poco más extremos, nuestra edad media está ahí. La plantilla del Valencia nos saca tres o cuatro años. Yo lo que no quiero para el Lille es tener un once de gente veterana». Anil Murthy insinuó algo parecido un año más tarde, tras la limpia de los Parejo, Coquelin o Garay: «En diez años ganaremos LaLiga con jugadores jóvenes». ¿Pero es ese realmente el modelo del Valencia?

De entrada, si López prefiere comprar el Lille a comprar el Valencia, es precisamente porque le sale más barato fichar en Francia... y le cuesta menos puntos alinear a los jóvenes. El Valencia tenía jugadores más veteranos porque eran los que garantizaban el rendimiento inmediato para pelear por entrar en Champions. Todavía no hemos visto un equipo en España capaz de «hacer un Lille» y ganar la liga con veinteañeros copando el 80% del once. Lim quiso ser el Lille, con fichajes baratos y ventas millonarias cada verano... mientras el equipo queda líder de grupo en la Champions, ya sin López como máximo accionista. Pero se olvidó de todo lo que hay detrás: una dirección deportiva puntera, un uso innovador del Big Data aplicado al fútbol, complicidad entre la directiva y el entrenador, la capacidad de ver valor en los futbolistas antes que nadie y la intención de fichar aún a riesgo de perder dinero.

Meriton quiso el método que ha hecho grande al Lille con una estrategia más propia del Modo Mánager del FIFA. Parchear el equipo a base de canteranos a la espera de que alguno explote para venderlo e ingresar sin tener que pagar amortización. Por el camino, descuidó el nivel del primer equipo, la política de fichajes en la base y dejó ir a las perlas del futuro que ya tenía en la élite. Mientras la estructura no cambie, el éxito de la Bordaleta seguirá siendo una huida hacia adelante.