Los jugadores notaron a su entrenador más enfadado que nunca este domingo en Paterna. Bordalás estaba decepcionado y con razón. Y no precisamente con Hernández Hernández. Del árbitro ni se habló en la ciudad deportiva. Estaba cabreado con sus jugadores. Le duele que a estas alturas de la temporada sus futbolistas sigan cometiendo los mismos errores defensivos de siempre.

Esos que machacan y machacan todas las semanas en Paterna y que no encuentran solución. Mala toma de decisiones, pérdidas en zonas de peligro, asumir riesgos innecesarios, falta de concentración, de intensidad, de contundencia atrás... El equipo no es capaz de ser fiable defensivamente con lo que tiene en la plantilla. Así ha quedado demostrado en las veinte primeras jornadas de LaLiga.

El club tranquiliza a Bordalás a la vez que peina el mercado en busca de oportunidades, pero las urgencias cada día que pasa son mayores. Fichar un central con oficio no puede esperar más.