Que en el armario faltaba ropa de abrigo se sabía desde antes de que llegara el frío. Aún hacía calor cuando el mercado se cerró sin central ni mediocentro. Pero ahora que es invierno y se ha vuelto a abrir, Bordalás continúa en tirantes. Cuatro meses y medio después, ni central ni mediocentro. Y con el corazón en un puño por lo que pase con Wass. Son muchos los que se temen, y de puertas para adentro el míster podría ser uno de ellos, que no vendrá nadie o al menos nadie que valga la pena. Ocurrió parecido en agosto, cuando la única cara nueva durante muchos días fue la de Alderete. Como entonces, sin embargo, la realidad es que movimiento hay, sobre todo de salida para liberar fair-play. Pero el problema vuelve a estar con los de entrada y en la consigna de que los fichajes sean buenos, bonitos y necesariamente baratos. Con una estructura tan singular como la hay, es así como se explica el baile de nombres, las consultas de Corona sobre la marcha y la realidad de futbolistas que pasan de buscar casa en València a enterarse de que han sido descartados.

Tregua

No es muy diferente la situación del Levante, que no va a liberar apenas espacio cediendo a Pablo Martínez y Blesa y al que tarde o temprano, si es que no lo ha hecho ya, llegará una oferta por un primer espada. La soga sigue apretando, todavía más por la victoria del Elche. Pero, como con la foto de Duarte y Radoja, la tensión se ha rebajado. No hay duda de que el golpe de realidad tras el 5-0 del Villarreal ha espabilado y mucho al equipo. Es momento por tanto de que la unión que Quico reclama sea de verdad y no como la que brilló por su ausencia primero con Paco López y después con un Javi Pereira de vuelta a China, de donde el presidente no debería haber permitido que saliera cuando nunca estar convencido de verdad en lo que se hacía. Suerte para Javi, que es incuestionable que cometió errores pero también que fue tratado de una manera muy injusta. Y vista al frente. Borrón y cuenta nueva, lo cual no es incompatible con continuar siendo muy exigentes y dando pábulo a una crítica constructiva que ha quedado claro que no gusta pero hace falta.