Doy por hecho que ya en 2022 se conoce mayoritariamente cómo funcionan las dichosas galletas de la fortuna tradicionales, que por cierto, no son de origen chino sino una invención de la costa californiana de Estados Unidos. Dicho lo cual para quien no lo sepa algunas llevan buenos presagios en su interior, mientras que otras solo una frase inspiradora típica de azucarillo de café. Precisamente el mercado de invierno del Valencia necesita de las dos; de pronósticos positivos, esos que pasan por confiar en que el club hará el esfuerzo necesario para reforzar la plantilla, pues en verano se terminó haciendo y Europa pasa por ellos. También de inspiración pues la situación financiera minimiza las opciones accesibles. El mercado de enero parece más bien el primer día de las rebajas con un montón de personas acechando su presa para encontrar la opción más económica y del perfil exacto de lo que le falta a Bordalás, el Valencia busca y rebusca. Al igual que en verano ha llegado un punto en el que lo importante en los refuerzos no es cuándo lleguen, que debería serlo, sino que estos aparezcan por Mestalla. Si hay baile de nombres es que el árbol se mueve.