Dijo el mítico Eduardo Galeno que «el fanático es el hincha del manicomio. La manía de negar la evidencia ha terminado por echar a pique a la razón y a cuanta cosa se le parezca, y a la deriva navegan los restos del naufragio en estas aguas hirvientes, siempre alborotadas por la furia sin tregua». Esta frase resume a la perfección las miles de sensaciones que se vivieron en el Ciutat tras romper de una vez por todas el muro de la impotencia y del sufrimiento al que ha visto sometido el levantinismo tras olvidar durante un tiempo eterno el dulce gusto del triunfo. 

Una locura que hace que hasta el más racional o pesimista vuelva a creer en una permanencia antológica y que salirse del guión racional es lo que puede provocar la permanencia.

Los goles de Soldado y Morales culminaron una tarde que evidenció que esta temporada no va a regalar nada al Levante. El palo de Roger con el 1-0, un penalti detenido por Aitor Fernández, el gran susto con el gol concedido y posteriormente revisado de Fernando Niño, la tensión en los banquillos... fueron muchas las circunstancias que rodearon a un equipo al que le ha costado muchas angustias sumar tres puntos de golpe. Derrotar al Mallorca ha supuesto una ligera bocanada de aire puro en un ambiente todavía viciado debido al histórico lastre de haber pasado media liga sin apenas acumular puntaje.

Pidió Quico Catalán respaldo de la grada y lo encontró. Con lo poco que le ha dado este equipo hasta el momento a su gente, los seguidores acudieron en buen número al campo, alentaron a los suyos y lloraron de alegría cuando se pitó el final. Cierto es que jugadores como Campaña o Róber Pier fueron silbados por un sector de la afición. Se les ha tomado la matrícula y es lo que lleva ser profesional y futbolista. Si no cumples te expones a eso.

El ‘Sí se puede’ debe quedar grabado a fuego hasta el mes de mayo porque los jugadores ya saben que su afición va a estar ahí, que con poco que se les dé se dejarán la voz con los suyos, porque el fútbol va de sentimientos y de corazón, pero hay que corresponder. Han sido muchos los desplantes deportivos, los golpes bajos encajados durante la temporada que han minado la fe y que han elevado la tensión como los hechos vividos tras el esperpento de Villarreal. Eso no se puede repetir y es aquí donde emerge la figura de Lisci.

El técnico italiano ha logrado con su energía el beneplácito del ecosistema granota y también superar el rendimiento de Paco López y Javier Pereira. Con un debe importante a nivel defensivo, Lisci debe implantar un estilo de juego simple, reconocible y efectivo para sumar puntos y sin importar apellidos o roles. El vestuario, por su singularidad y herencias, no es fácil y hay que tener una mano férrea para no venirse abajo y verse derrocado. Su merecida mejora contractual, con una responsabilidad supina, no debe llevar a estrechar lazos más allá de esta temporada de momento. Los plazos deben seguir un orden.

Y es que las urgencias transitan por el mercado de invierno que irrumpe como una posibilidad a la que hay que acudir sí o sí para apuntalar principalmente una zaga que debe reducir de manera implacable los goles encajados. Es una de las aristas a pulir para poder seguir un año más entre los grandes. 

Esta ventaja debe también se tomada en cuenta para liberar futbolistas desconectados esta temporada, aquellos que no tienen ninguna incidencia sobre el juego y también foguear a los jóvenes como Blesa o Pablo Martínez a los que las urgencias no les han ayudado. Dejo aparte a Pepelu. Es un jugador que suma y gusta pero la paciencia ha de imperar con él. Elevarlo a los altares es un flaco favor a un jugador que estuvo en el centro de la diana sin quererlo con Paco López y que debe seguir creciendo. Otorgarle roles de grandeza antes de tiempo no le va a ayudar. Es un activo, y de los buenos, pero hay que cuidarlo con tiento y mimo. Calma.