Todo es cuestión de expectativas. Tanto en positivo como en negativo. Ir al estadio, o sentarse delante de la tele, y pensar que no hay nada que hacer puede ser el mejor inicio antes del éxtasis. Ese que te provoca ver que has ganado tres o cuatro cero a quien menos lo esperabas. Al contrario sucede igual. Que se lo digan a Bordalás con el mercado. Y esto no va de Arambarri o Djené.

Dudo que el técnico pensara que iba a tener a ambos en Mestalla en enero visto lo visto en verano. Pero sí va de matices. Podemos estar más o menos de acuerdo incluso en los gustos del entrenador. O lo que se presupone que son sus gustos. A un servidor por ejemplo no le encaja Aridane. Por edad, por físico y por nivel mostrado este curso. Pero escapa de toda lógica que a 18 de enero, el Valencia no tenga un mercado mucho más trabajado, tres centrales de consenso para ‘atacar’ y otros tres medios para mejorar la medular.

Sobre todo teniendo en cuenta que Peter Lim se iba a sentar con Bordalás en diciembre en una reunión que nunca se celebró y que indica unas cuantas cosas. Y ahí está el punto de las expectativas. Si el técnico no hubiera tenido el sí durante muchos meses a ese encuentro no habría margen a la decepción. Sus motivos tendrá el propietario. O igual no... La única verdad es que no se sentaron juntos en diciembre. 

Más allá de eso, el Valencia CF tiene aún días por delante para trabajar, firmar un central y un medio, darle al técnico recursos suficientes para mejorar en la segunda vuelta y esperar una clasificación europea que solucione o frene el golpe de un verano en el que se avecinan más ventas.

Como la de Wass. La del danés, más allá de que sea el jugador que más minutos lleva con Bordalás, sí la encuentro comprensible. Futbolista que acaba contrato en verano, que quiere marcharse al Atlético y que puede dejar un dinero en caja. El gran problema, como siempre, es el de asumir que Wass era importante en este equipo sin ser un jugador excelente ni mucho menos.

Eso, en mayor o menor medida, habla de las necesidades de una plantilla en la que no valen parches. De hecho que su marcha haga tanto daño al técnico habla de la confianza que tiene en general y de lo mucho que piensa que hay que reforzar este equipo. Siendo conscientes y sin perder la perspectiva de que Meriton ha llevado al Valencia a un mercado ‘low cost’ y de menos nivel que el histórico del club. Algo que por mucho que se asuma no deja de ser doloroso. 

El punto positivo, eso sí, puede ser el de encontrar motivos para sonreír en medio de la ‘crisis de gobierno’. También los hay. Mosquera demostró en 90 minutos en Palma ser un jugador con tanta materia prima que en el mismo momento en el que acabó el partido ya había ganas de volver a verle en otro. También está la Copa. Desde el inicio de competición está ese ‘runrún’. ¿Por qué no pensar en grande?