No está el valencianismo sobrado de alegrías en los últimos tiempos como para no esbozar una sonrisa de felicidad al saber que la renovación del capitán, santo y seña de este Valencia CF va por buen camino. Es el club de su vida y ahora mismo, es una de las prolongaciones del ‘sentiment’ que quedan en el campo partido tras partido. Su arrojo, sacrificio y capacidad de liderar al equipo, sobre todo, en las malas, están fuera de toda duda. El compromiso va en su ADN y el Valencia está falto de este como para dejarlo escapar. Cualquier proyecto ambicioso de futuro pasa porque Gayà continúa en Mestalla. Aunque solo tiene 26 años, el de Pedreguer va camino de batir récords de partidos. Un ‘one club man’ en tiempos del del ‘fútbol de las Superligas’ significa también un recoveco de romanticismo que se puede encontrar en el deporte hoy en día. Gayà siempre ha priorizado el Valencia y es el momento de que el club rubrique su voluntad cerrando esa continuidad. Espero no lanzar demasiado pronto las campanas al vuelo, en este club nunca se sabe, pero qué alegría más tonta (que cantaría Pereza), de esas que se te meten el cuerpo tras una noticia así y dices, ¡Uy, qué bien!