Aunque ya arrancó ayer con los dos primeros partidos, el Valencia Basket afrontará esta noche su primer duelo en la Copa de la Reina ante el Casademont Zaragoza. Por segundo año consecutivo, La Fonteta será sede de un torneo en el que el conjunto de Rubén Burgos tratará de conseguir su cuarto título.

Mucho ha pasado desde que un club valenciano fuera campeón del torneo. En la campaña 2009-10 el casi intratable en aquel momento Ciudad Ros Casares levantó la Copa en la Fase Final que acogió aquella temporada Zaragoza. El cuadro dirigido por Isma Cantó superó en la gran final a un ya incipiente Perfumerías Avenida Salamanca. Aquel Ros Casares estaba conformado por manos de alto nivel como la hoy jugadora del Girona, Laia Palau, quien fue además MVP del torneo, Delisha Milton-Jones, Belinda Snell, Anna Montañana, Amaya Valdemoro o Erika de Souza. El cuadro charro ya contaba con Silvia Domínguez además de Alba Torrens, Sancho Lyttle o Willingham. Ese fue el séptimo entorchado para las valencianas y el último hasta el momento.

Salamanca ha sido el gran dominador desde aquel momento con 6 Copas en las últimas 8 Fases Finales en las que solo Conquero y Girona han podido interponerse en esta hegemonía. Precisamente la pasada temporada, el Valencia Basket estuvo cerca del título aunque el Girona se coló en la fiesta para sesgar el sueño. La edición de este año vuelve a contar con ese factor ambiental a favor aunque con condicionantes que hacen la misión de ser campeón complicada. Las bajas pasan factura. No contar con dos jugadoras diferenciales como Raquel Carrera o Laura Gil está siendo un gran hándicap, pese a que el porcentaje de triunfos ha seguido siendo alto. La eliminatoria ante Venezia era arriesgada, por las bajas y la entidad del rival. Ganar en Italia tuvo tintes heroicos, pero en La Fonteta el viento cambió y una gran Anderson bloqueó la defensa del título continental. Por si los problemas no fueran poco, Ángela Salvadores menguara la rotación exterior. 

Con el precedente vivido con el equipo masculino, la única preocupación debe ser ahora superar al Casademont Zaragoza, un equipo que está firmando una gran temporada y que llega sin la presión que seguro deberán gestionar las jugadoras taronja. Pensar más allá será un error y a eso seguro que va a tratar de dirigir sus esfuerzos Burgos. En semifinales, si la lógica no falla, aguardará el Girona, y en la final, el Salamanca, casi nada. Dos equipos con espíritu de Final Four de la Euroliga, a la que sólo han podido llegar las charras.

La realidad marca una Copa llena de espinas, pero este Valencia Basket sigue teniendo ese poso especial, el de revolverse ante los problemas, el de encontrar soluciones cuando todos los caminos están bloqueados, y el de remar juntas, cuando los activos son cada vez menos. Ojalá sea la Copa de Cris Ouviña, Bec Allen o Marie Gulich, pero la mejor noticia es que sea la Copa del Valencia Basket. Si el bloque funciona al unísono, se va a competir ante cualquiera. Ganar lo marcarán los detalles, el acierto y los nervios. La Copa debe proyectar también la labor de l'Alqueria y de esas jugadoras criadas y formadas en casa que han crecido de manera exponencial los últimos meses.

Con ellas y con los 4.000 aficionados que estarán en las gradas se puede ir hasta el fin del mundo, no tengo ninguna duda. Habrán momentos de sufrimiento, de pesimismo, de apretar los dientes, de entusiasmo, euforia... es la Copa. Un título a tres partidos, un trofeo que hay muchas ganas de levantar, una historia que recuperar. Disfrutemos del torneo partido a partido.