La Fonteta pasar ahora por uno de los momentos decisivos de la temporada. A la exigencia de la competición con la Eurocup y la Liga Endesa en su tramo más decisivo se une la coyuntura de una plantilla que ha recibido un duro golpe con la grave lesión de Prepelic. El esloveno no es una pieza más. Es el referente anotador del equipo, el pulmón ofensivo de la plantilla, el hombre en el que Peñarroya podía apelar en los momentos de máxima urgencia.

Su baja ha vuelto a reabrir la controvertida relación entre el técnico y el club, y que se quedó sin resolver del todo desde los primeros meses de esta campaña. El más de un centenar de ausencias por lesión en la plantilla no se ha visto tan reflejado en los resultados, que no han sido malos, como en el sobresfuerzo y gestión del vestuario. La consulta y demanda de Peñarroya de refuerzos en la época de las bajas de Tobey, Van Rossom o Claver tuvo la negativa como respuesta. No entraba en los parámetros económicos.

Peñarroya apretó los dientes y tiró hacia delante con lo que tenía unido a la aportación de l´Alqueria. Ferrando, Millán Jiménez, Bellver o Bressan entraron en escena para quedarse. La épica victoria en Patras enmarcó el carácter de un equipo empecinado en desafiar a las dificultades y que presenta un balance aceptable hasta ahora salvo el varapalo en la Copa.

En la previa al viaje a Ljlubljana, las palabras de Peñarroya evidenciaron que su postura sigue siendo la misma, que su sentir es idéntico y que su proceder no va a cambiar. En un paisaje casual podría ser un capítulo más de los muchos que se dan entre los técnicos y el club, pero en un proceso de renovación el contexto cambia. Si llega o no un recambio por Prepelic no va a variar la continuidad de Peñarroya. Tampoco va a ser el tema económico o los años de contrato, todo eso se resolverá. El punto marcado en rojo será el del rumbo del proyecto y los cantos de sirena que puedan llegar desde el exterior.

Con una tendencia hacia lo sostenible, el Valencia Basket piensa en presente y en futuro. Juan Roig ha otorgado al club una estabilidad que es envidia de toda Europa y que no tan solo ha redundado en el primer equipo, sino también en la incuestionable evolución del femenino, el trabajo de cantera con l´Alqueria o la puesta en marcha del faraónico Arena. Sin ese mecenazgo todo esto sería imposible, pero es inevitable el hecho de que hay que preparar un terreno en el que el club pueda poco a poco autogestionarse sin que esté reñido a seguir compitiendo al máximo nivel, a continuar teniendo una estructura sólida y eficiente y a tener ese respaldo del propietario. Eso se llama ser responsable y desde el Valencia Basket se tiene claro. Firmar contratos sobrevalorados no entra en la ecuación porque además, y en La Fonteta se fue testigo hace algunos años, no es sinónimo siempre de grandes éxitos. La lástima, es que todo este caldo de cultivo nunca haya recibido el cariño de la Euroliga, empecinada en cerrar la puerta a un club asentado y al que se le ha privado de tener un crecimiento mayor. 

Con todo esto el Valencia Basket sigue siendo una plaza apetecible para cualquier profesional y Peñarroya lo sabe. Como también sabe que la confianza en él es plena pese a las diferencias aparecidas a la hora de subsanar la plaga de bajas. Lo que es evidente es que ahora los tiempos los maneja el técnico, que sigue mostrando tranquilidad en cuanto a su futuro y que aguarda atento a los movimientos que puedan darse en otros banquillos, cosa lógica sea dicho. Un cambio de tendencia que no significa que la cuerda se haya roto. Lo capital es que esta circunstancia no se inmiscuya en la cancha, hecho que todas las partes han conseguido controlar en todo momento.