El plan del Valencia, el de Meriton o el de la Falla Conde Salvatierra - Cirilo Amorós, es tan sencillo como fácil. Vamos, si se tiene un mínimo de sentido común y partiendo de una serie de factores que son clave y que no podemos obviar. Porque no sólo tenemos que ver lo que queremos, sino lo que hay. Peter Lim va a vender el club, antes o después, y esa brecha temporal está marcada por las decisiones que se tomen respecto a los temas estructurales que ahora mismo están encima de la mesa.

El Nuevo Mestalla es la base de todo, porque cuando el campo empiece a ser una realidad, las parcelas del actual estadio estarán mucho más cerca de ser vendidas, con lo que la mercantil tendrá el valor que pretende su máximo accionista actual. Rebelarse contra eso está muy bien desde el punto de vista romántico, pero no es nada práctico.

Hay una serie de cosas que están al cabo de la calle, que son tan esenciales que da vergüenza ajena que no se lleven a cabo, y eso es algo que sólo está en manos del máximo accionista, de nadie más. Y todas son importantes, aunque sean de departamentos muy distintos. Es necesario un CEO que sepa de qué va este mundo.

El fútbol es un sector muy complicado, pero mucho, incluso la definición es otra mucho más soez, pero es así. Ni siendo bueno y llevando años en la brecha estás exento de meter la pata. Así que imaginemos cuando eres un advenedizo con ínfulas. Estás condenado a pegarte un guarrazo del que se recojan los trozos en muchos kilómetros a la redonda.

Ese CEO debe determinar si la actual dirección deportiva le vale o no, se le queda corta o está bien. Y soy de los que no mata a Miguel Ángel Corona por sistema, porque no se tienen motivos cuando se conoce su trabajo, pero con él pasa lo mismo que con Bordalás: el club debe salir a dar la cara por su gente, a muerte, sin condiciones. Cierta autonomía para trabajar, siempre dentro de un presupuesto, y la parte deportiva estará perfectamente clara y funcionando. El CEO, ya que estamos, debe ser un perfil que conozca perfectamente el mundo UEFA, LaLiga y la RFEF, porque se le traería para eso. Parece de perogrullo, pero visto lo visto, y como me gusta decir desde hace muchos años, expliquemos todo como si fuera para tontos como yo, y así no tendremos luego sorpresas.

El Nuevo Mestalla es la otra pieza. Se debe hacer un proyecto acorde con el club, la ciudad… y el contexto económico. Ponernos, cualquiera, en modo extremista yendo a máximos cuando hace un año no se tenía nada tiene el mismo sentido que plantarse en la Generalitat con las manos vacías, como pasaba no hace tanto. El dinero de CVC está, y faltan algo más de 30 millones de euros que se están buscando, y que se pueden tener en breve. Ni enzarzarnos con el aforo o la pista de atletismo ni insistir en un proyecto de mínimos (que tampoco es así, pero mientras el club no salga y lo explique, porque el proyecto está, no hay nada que hacer). Con esto en marcha, y la ATE viva, se venderían las parcelas del actual estadio y se saldaría la deuda histórica e histérica que arrastramos desde el siglo pasado. Sí, siglo pasado, porque aunque lo importante es el presente, lo que viene detrás explica muchas cosas.

Y ejecutando ese plan, con todas sus derivadas, que obviamente las tiene, ¿saben ustedes qué es lo que tendríamos? Podemos decir que un club saneado, un equipo fuerte, una institución que fuera referencia… Y no estaríamos mintiendo, aunque por encima de todo eso, lo más importante sería que el contexto para la venta del Valencia por parte de Peter Lim estaría terminado y listo. Está en las manos del máximo accionista, como siempre y como todo desde hace ocho años, pero si no hacemos todo esto, seremos una losa que le seguirá pesando, que le arrastrará al fondo del río, y eso puede tener un desenlace terrible. 

Quiero ser optimista, lo soy por naturaleza en clave valencianista, pero es cierto que se me hace bola pensar que todo esto se va a desarrollar, por muy básico que sea.