Dice el Valencia que su idea es sentarse con Bordalás cuando acabe la temporada. Cuando se jueguen los dos últimos partidos de LaLiga contra el Espanyol y el Celta. Y digo yo. ¿Para qué hay que esperar tanto? ¿A qué esperan para reunirse? ¿Para qué perder más tiempo? Si todo está claro desde el momento que Yunus falló aquel maldito penalti en la final de Copa. ¿Para qué dar más ventaja a los rivales? ¿Qué hay que hablar dentro de una semana y media que no se pueda hablar ahora?

La única explicación que encuentro es tomarse un tiempo por si alguna de las partes encuentra algo mejor y ejerce la cláusula de escape. El Valencia de Peter Lim es así de triste. Solo este Valencia de Meriton es capaz de convertir la felicidad de un primer fichaje (Hugo Duro) en una guerra pública con su entrenador. Y solo este Valencia de Meriton es capaz de trabajar con un entrenador que no cree en el ‘proyecto’. Ya pasó con Javi Gracia y vamos a ver lo que pasa con Bordalás. Hace dos años salió mal. Y no hay que ser un visionario para imaginarse como sería un segundo año de Bordalás con sus correspondientes mercados de verano y de invierno. Suena insostenible. Suena muy peligroso. Lim ha metido al Valencia en un callejón sin salida.