La palabra injusticia se queda corta. Sancionar a José Luis Gayà con cuatro partidos sería una vergüenza. Es un castigo desproporcionado. El capitán no los merece. Ni siquiera uno. Lo único que hizo fue defender al Valencia por un arbitraje que agotó su paciencia. Y lo hizo con respeto. Sin insultar a nadie. Pero que nadie se equivoque. Lo grave no es la propuesta de sanción. Lo verdaderamente preocupante, lo que asusta de verdad y alimenta las sospechas en plena guerra con la RFEF, es la distinta vara de medir. ¿Por qué se ensañan con Gayà y hacen oídos sordos con otras ‘rajadas’? ¿Por qué no se atreven con otros equipos? La temporada está llena de entrenadores, jugadores, presidentes, portavoces, directivos y cuentas oficiales de clubes que han faltado al estamento arbitral casi por sistema. ¿Por qué hay que poner a Gayà en el centro de la diana? Con Iago Aspas y ‘Geri’ Piqué dieron marcha atrás. Si al final sancionan al capitán, no será una injusticia. Será un escándalo.