Que una persona tenga en la mano el destino de un club al que no ama siempre me parecerá una perversión. Máxime cuando los que pagan las consecuencias son sus aficionados. El Valencia CF vive secuestrado por el dueño de la mayoría de sus acciones. Irreconocible, desdibujado y distanciado de su gente; la misma que lo fundó, lo impulsó y lo colocó entre los mejores. También la que -haciendo autocrítica- permitió que se llegara a esta situación.

El pasado no se puede cambiar, pero el futuro plantea una oportunidad para la redención e incluso la reconquista. Democratizar es una palabra romántica, también utópica, pero siempre que exista una posibilidad hay que lucharla. Porque los clubes de fútbol se crearon como elemento cohesionador de las diferentes comunidades y orgulloso estandarte de las mismas, la posibilidad de decidir su rumbo solamente les pertenece a ellas. Yo siempre preferiré un club representativo de uno exitoso. El fútbol es de la gente.