Todavía no se me ha pasado el enfado del partido del martes ante el Betis, que supuestamente tenía que ser el de la revancha. Por eso iba a escribir de Bordalás, un entrenador que no me gusta y tampoco ha demostrado mucho, porque tiene equipo para más de lo que indica la clasificación y además acostumbra a desaprovechar la primera parte de los partidos. Lo lógico es salir con el equipo ofensivo para marcar y situar al equipo por delante. Pues el técnico hace lo contrario siempre, primero alinea a cinco defensas para amarrar el empate y a ver si en los minutos finales suena la flauta. Un auténtico drama balompédico.

Tengo más argumentos futbolísticos contra Bordalás, un técnico superado por las circunstancias, sin embargo, visto como lo trata la gente de Lim en Mestalla, cambio de argumento para centrarme en el despropósito de Meriton. Dicho con todo el respeto al trabajo y la trayectoria del preparador alicantino, su continuidad ya no es importante para el Valencia.

El respetable empezó a largarse del estadio tras el tercer gol bético. Hace diez años, el tanto de Borja Iglesias hubiera servido para una bronca descomunal contra el palco, que no hubiera finalizado hasta bien entrada la madrugada. Ese desafecto, esa sensación de tirar la toalla, de creer que ya no sirve ni la protesta es mucho más peligroso para el Valencia que Bordalás.

En aquella época, los gestores del club sabían que cuando venían mal dadas no podían salir mucho de casa, qué en su lugar de trabajo, por la calle, en los bares e incluso los amigos más cercanos les ponían mala cara con algún exabrupto. Desde Arturo Tuzón («suelta los duros»), hasta Manuel Llorente («vete ya»), todos los presidentes, hasta el popular Jaume Ortí, han recibido críticas de la grada. Entra en el cargo.

Una inocente valla publicitaria gigante cerca de la Ciudad Deportiva de Paterna ha molestado a los de Lim, lo que demuestra otro desconocimiento más de las leyes del fútbol en general, y del pueblo de Mestalla en particular. ¿Qué esperaban tras su desastrosa gestión? Además de tener el listón de la censura muy bajo, deben saber que la libertad de expresión es un derecho en los países democráticos.

Por lo que parece habrá que plantearse fletar aviones a Singapur. Lamento no haberme equivocado, pero ese mismo argumento lo escribí durante el proceso de venta, cuando el valencianismo fue engañado por Salvo y Martínez, y sus paniaguados se dedicaban a insultar a la inteligencia. La pancarta, reglamentaria en uso y forma, demuestra que les molesta más la reputación de Lim que destrozar un equipo centenario con miles de seguidores, por eso dudo que sea buena idea no entrar en el último partido de esta temporada y quedarse en la calle. Aunque los códigos del fútbol, protestas incluidas, mejor en el estadio que fuera.