El Valencia Basket 22-23 ya está dando sus primeros pasos. Tras la puesta de largo de Álex Mumbrú el pistoletazo de salida ya ha sonado con el difícil reto de confeccionar un plantel competitivo ya no tan solo para la Liga Endesa sino, sobre todo, en la Euroliga.

La Wild Card recibida debe ser un alimento de ambición y de demostración de solidez ya no tan solo de proyecto, que es evidente y así se ha reconocido, sino también de resultados. Si en la última participación con Ponsarnau, el equipo se quedó a la orilla del Top 8, para el próximo curso toca romper ese muro y para confirmar que el crecimiento es conjunto.

Y es que el Valencia Basket tiene sobre una buena oportunidad de volver a ganarse a su gente. La pandemia, como a la mayoría de clubes, pasó factura y esta campaña pese a la apertura paulatina del aforo, no se ha podido ver, salvo al final y en contadas ocasiones, ese famosa `Caldera Taronja´ que empujaba al equipo y provocaba estremecimiento al rival. Con la Euroliga como gran escaparate tanto para el conjunto masculino como el femenino, el club taronja tiene ante sí la posibilidad de volver a completar esas butacas vacías, de volver a ilusionar.

Precisamente, Mumbrú en su presentación, apuntó que ese era uno de los objetivos, conseguir que algún seguidor se queda sin poder entrar. Mensaje lleno de ambición y confirma que su idea va totalmente pareja a lo que quiere el Valencia Basket y que poco a poco nos muestra el motivo de su elección como primer entrenador. El preparador catalán no ocultó su ilusión por llegar a La Fonteta.

El semblante así lo atestiguó en una fotografía, todo hay que decirlo, a la que habíamos visto hace un año con Peñarroya, aunque con la gran salvedad de que la apuesta por el ex del Bilbao Basket es mucho más firme. Los tres años firmados evidencian que el Valencia Basket quiere un entrenador de equipo y de proyecto a medio y largo plazo. También se ha buscado a un entrenador sincero. La presentación de Mumbrú casi coincidió en tiempos con la de Peñarroya en Vitoria. Sigo pensando en que su salida no fue inteligente y los mensajes lanzados todavía inflaman más el ambiente.

Pocos entrenadores, por no decir ninguno, han tenido en La Fonteta un favor tan mayoritario de la afición y que incluso llegaron a crear dos bandos entre los seguidores del técnico y del club. Su adiós en una escueta carta y sin dar la cara, además de sus últimas comparecencias faltas de sinceridad, en las que escondió un acuerdo ante el rival con el que se jugaba el Playoff, mostraron falta de clase e hicieron a muchos abrir los ojos. No era oro todo lo que relucía.

Ahora toca dar armas a Mumbrú. Con las experiencias vividas en la Euroliga, es clave tener muchas posibilidades. Sin perder de vista esa filosofía sostenible y de apuesta por l´Alqueria, tener más de doce fichas es clave y por ello se va a apostar. Otra característica será el físico. El bloque necesitará músculo en la pintura, uno de los debes de los últimos años.

La lección está más que aprendida y por ahí va el punto de mira. Sin ser un seguro de triunfos, sí que permitirá afrontar los partidos en una mayor igualdad de posibilidades, sabiendo que no habrán fichajes millonarios, porque la partida presupuestaria no solo está enfocada al primer equipo masculino, sino que tiene múltiples ramas como el Femenino, cantera o pabellón que obligan a estrechar gastos. Una tarea menos lustrosa que la de traer grandes nombres pero que es la que realmente sostiene y reafirma la razón de ser del club, esa que también ha traído la Euroliga de vuelta.