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Superdeporte

Juanma Romero

Miñambres-Nafti, una sociedad genuina

Lo advirtió el entrenador en su presentación: "Somos un equipo de Segunda en Segunda"

Jugadores del Levante UD, durante un entrenamiento Francisco Calabuig

Poco a poco va tomando forma. El Levante 22-23, en marcha desde hace un par de semanas, empieza a estar definido con los primeros movimientos ya confirmados. Superado el ‘duelo’ tras la marcha de Morales y asumido el descenso, no queda otra que levantar la cabeza y mirar hacia adelante con firmeza. Bajo la batuta de Felipe y la ejecución de Nafti, la plantilla que debe devolver al club donde merece, está comenzando un camino que arrancará en Segunda, no hay que olvidarlo nunca.

Lo advirtió Nafti en su presentación. "Somos un equipo de Segunda en Segunda". El traje de corbata de Primera División hay que dejarlo apartado de momento y toca ponerse una ropa adecuada a la categoría en la que se va a militar. Una categoría en la que inevitablemente se parte con el cartel de favorito pero en la que nadie va a regalar nada. La Segunda División es un liga infinitamente larga y con una enorme cantidad de proyectos que se han ido desmembrando hasta incluso perderse en el infinito. Afrontarla con el respeto que merece debe ser una de las premisas para estar en la pomada y eso Nafti lo sabe. Los jugadores deberán tomar esta mentalidad como un dogma innegociable, porque de lo contrario, las bofetadas con la realidad llegarán seguro.

La comunicación entre Miñambres y el entrenador fluye y se nota. La apuesta del director deportivo sembró dudas a nivel social por el poco conocimiento sobre la figura y trayectoria del técnico, pero los hechos confirman que ese diálogo sin trabas y en el mismo idioma va a generar un clima de cordialidad, de entente, un buen punto de partida sin ninguna duda. Felipe sabe el proyecto que tiene en sus manos. Con la estrechez económica que bloquea prácticamente cada movimiento que se vaya a dar, ha trabajado muy bien los primeros fichajes. Futbolistas en progresión, conocedores de la categoría y asumibles financieramente. Sería utópico pensar que con estos retoques, que no serán los últimos, la plantilla está cerrada. Las salidas siguen acechando y son una necesidad. La precipitación no debe emerger en esos traspasos en los que se pueda obtener un rédito económico. Situación distinta es la de esos futbolistas que no encajan por sus costosos contratos y que además quieren salir. Ahí sí debe haber ya cierta celeridad para trabajar en alternativas y contar poco a poco con el grupo de trabajo definitivo. No sería bueno contar con jugadores frustrados, que tengan la cabeza en otro lado, porque al final su lastre deportivo será tan grande como el económico. Entre Miñambres y Nafti se está configurando un proyecto con sello propio, de autor. A ellos se ha encomendado el levantinismo y en ellos toca creer.

Echando la vista atrás y en un paraje diferente, el Levante apostó por Muñiz en 2018. Con algo más de experiencia que Nafti, ese equipo, en el que el preparador asturiano tuvo mucho que ver en cuanto a su construcción, logró un ascenso inapelable, circunstancia extraña en la actual Segunda División. Será muy difícil repetir aquello y ese precedente debe servir más como motivación que como comparativa. Bastante presión hay ya en el frasco.

No quiero obviar la gran respuesta del aficionado granota en la campaña de renovación de abonos. El mejor activo del club la pasada temporada ha vuelto a confirmar su condición para la próxima. Más de 10.000 abonados estarán arropando al Levante en una andadura que se espera efímera en la categoría de plata. El seguidor levantinista ha madurado durante estos años y sabedor de lo clave que puede ser el siguiente curso se ha reseteado para estar al lado de los suyos en una etapa en la que se le va a necesitar. Desde el club se han tomado medidas que han ayudado a mantener esa efervescencia con precios más asumibles o la reubicación de la grada de animación. Sembrar para recoger.

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