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Juan de Dios Crespo

Loca geografía del fútbol

Con una Copa del Mundo con 48 equipos, pocos de los "grandes" quedarán fuera

Imagen de la presentación del Mundial de Qatar 2022 NOUSHAD THEKKAYIL

Hace apenas unos días, el entrenador de México solicitó que la federación de aquél país pidiera el ingreso en la confederación sudamericana, la CONMEBOL, para marcharse de la que es, geográficamente, la suya, la CONCACAF. El punto clave de esta petición es que ya se ha llegado al máximo y que, para crecer, ha de estar en otra área más competitiva.

Seria dejar de lado los grandes de Norteamérica, Canadá y Estados Unidos, pero, sobre todo, las naciones de Centroamérica y del Caribe, que no tienen, al parecer, la capacidad técnica suficiente para el crecimiento mexicano. Esto sería un cambio que, a algunos, les puede parecer extraño, pero no lo es tanto.

Recordemos que Australia, la sempiterna campeona de Oceanía, pidió hace unos años, su «traslado» a la AFC, la confederación asiática, harta de ganar por goleada a casi todos sus adversarios, menos a Nueva Zelanda. Le es más difícil, ahora, clasificarse para los Mundiales, pero siempre lo logra, aunque sea a última hora. Por supuesto, eso le quita un puesto a un «auténtico» asiático, pero parece que todos están contentos.

En el caso mexicano, no es que se hayan vuelto locos, ya que les sería mucho más complejo entrar en la Copa del Mundo contra los sudamericanos, pero el aumento de federaciones que estarán presente en las siguientes copas mundiales, hará que no sea tan difícil, si bien le quitará un puesto (si se clasificase) a un «natural» geográfico del continente del Sur.

Este ajedrez político-deportivo no es extraño y ya existe sin que se haya pedido, como el que las dos Guayanas estén en la CONCACAF en vez de su natural sitio en la CONMEBOL. Parece que el nivel futbolístico, aquí, era al revés, y que su menor capacidad hizo que se les relegara en la primera. Con una Copa del Mundo con 48 equipos, pocos de los «grandes» y diría «medianos» quedarán fuera de la misma y es posible que veamos más movimientos o peticiones como la mexicana.

Es cierto que todo no es por solicitud unilateral, sino que, a veces, hay necesidades como la de que Israel esté en la UEFA en vez de en su homónima asiática, por los motivos políticos que todo conocemos y que el Estado hebreo no sea bienvenido en algunos lugares de esa zona. Pero, ese no es el punto aquí, ya que tanto Australia, que lo logró, como México, que lo está sopesando, entran en competiciones más complejas de las que están, con las dificultades que ello entraña.

La mejoría deportiva que se busca es el soporte de esos cambios y, bien estudiado, es quizá la mejor forma para obtener un mejor estatus gracias a las dificultades que conlleva para sus futbolistas jugar con más y mejores equipos, cuando de lo contrario, parecería que se pudieran «conformar» y no lograr esa subida de calidad que se está buscando.

Cuando el deporte y el fútbol en particular, está más cerca del negocio que de la competición física y técnica, esta petición nos devuelve, quizá un poco románticamente, la esperanza de que no todo se intenta por ser más fácil, sino que uno, como los australianos antes y los mexicanos ahora, se autoimpone unas trabas para mejorar, lo que no es usual en nuestro mundo actual.

Dejando de lado esas consideraciones, esta semana recomiendo un libro de auténtico descubrimiento de su propia historia, como es el del autor alemán Chris Kraus, «La fábrica de canallas», un relato en búsqueda de los antecedentes más oscuros de una familia, ocurridos en los años del nazismo y encontrados décadas después. Merece la pena adentrarse en él. Disfrútenlo y cuídense de la gripe y otros animales

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