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Toni Hernández

El culpable de este Valencia se llama Peter Lim, y esto es fútbol

Más allá de atraer los palos hacia su persona, lo cual está muy bien, Gattuso tiene que aportar soluciones

Peter Lim se reunió con la presidenta Layhoon Chan, el director ejecutivo Kim Koh, el técnico Gennaro Gattuso, el director técnico Miguel Ángel Corona y el director corporativo Javier Solís//VCF Peter Lim se reunió con la presidenta Layhoon Chan, el director ejecutivo Kim Koh, el técnico Gennaro Gattuso, el director técnico Miguel Ángel Corona y el director corporativo Javier Solís//VCF

Nadie sensato en esta ciudad discute que el gran problema del Valencia se llama Peter Lim. La errática política deportiva que llevamos padeciendo desde el verano de 2019 nos ha ido conduciendo a un cuello de botella complicado y que ahora mismo tengamos que fiarlo todo a la calidad −que la tiene− de un grupo de chavales que podrían ser un filial por la edad media del grupo. Esto, repito, no tiene discusión ninguna. Pero repetirlo demasiadas veces, y avergonzarse y rasgarse las vestiduras, no hace que nada se solucione ni convierte en más valencianista al que entra en un bucle de puro negativismo. Y que me perdonen los que se sientan ofendidos. O que no lo hagan, que me da lo mismo. 

Lim es el problema pero no tenemos la solución. Creo que después de más de ocho largos años ambas cuestiones están más que claras aunque haya quien se quiera resistir a ellas, especialmente a la segunda. O viene un tipo con dinero o seguiremos igual. Y mientras eso pasa o deja de pasar, además de los proyectos estructurales como el del Nuevo Mestalla, que es esencial, lo que nos debe preocupar es el equipo. Lo que pasa en el verde. Porque eso, aunque a veces no queramos, es lo realmente importante. Si empezamos a hablar solo de abismos, de jugar finales en la jornada 17, de ansiedad, de nervios, de bloqueo mental… al final todo esto eclipsará todo lo demás. O, peor aún, será lo que provoque que esa lista de temores acaben en tragedia. Porque de lo que se come se cría. 

No me gustó el ambiente antes del partido del Almería, y vi al equipo totalmente contagiado de esa histeria. Como si estuviéramos en el descuento de la última jornada de Liga y nos estuviéramos jugando algo muy gordo. No, así no se puede. De ninguna manera. Y siendo el equipo un grupo de críos, mucho menos. Ahora mismo hace falta calma, serenidad. Temple, pero del de verdad, no el de quedar bien. Ahora hace falta salir a hablar con el aficionado, decir las cosas claras, apoyar al entrenador y a la plantilla y cerrar un par de fichajes. Ahora lo que conviene es crear un ambiente entre todos que no sea una montaña rusa permanente, porque eso nos puede condenar de forma irreversible. 

Y aquí me quiero parar en Gattuso, al que le sigo teniendo mucha fe. Creo que sabe lo que debe hacer, pero ahora es cuando debe demostrar que tiene más cuartel que el palo de la bandera. Más allá de atraer los palos hacia su persona, lo cual está bien, ha de aportar soluciones que sirvan para salir de esta. Lo pasé muy mal el lunes por la noche, pero muy mal. No dormí, como cuando el año de Javi Gracia, que fue el más duro que yo he vivido deportivamente hablando. Y no me cabe ninguna duda de que no fui el único que no pudo conciliar el sueño. Y no, así no. Así es imposible. Con tal grado de ansiedad nos terminaremos yendo al carajo sin remisión. 

Todo esto tiene que ver con el nivel del equipo, es evidente, pero hay más cosas. Como entorno, por una vez, podríamos dar una lección de cómo se han de hacer las cosas cuando de verdad estás comprometido con un equipo, el tuyo. Por encima de quien mande o deje de mandar, que eso siempre es algo coyuntural. Como tantas veces he oído, “qui més coneiximent tinga, que calle”. O que apoye sin condiciones y más allá de cualquier otra consideración. Y si abogar por esta postura equivale a ser un meritoner o un defensor a ultranza de Lim, pues oiga, soy culpable. Pero lo que no pienso consentir es que un mal mayor pueda llevarse por delante a mi Valencia. Nunca. 

Quiero añadir una posdata que nada tiene que ver con este artículo pero que sirve para dejar claro lo que de verdad, a la postre, es importante en la vida. Un padre jamás debería enterrar a sus hijos, y mi querido amigo Miguel, compañero de directiva y de la Falla Conde Salvatierra-Cirilo Amorós, lo ha tenido que hacer esta semana. Levantinista de pro y buenísima persona, no encontraba consuelo en nada y con nada, porque una herida así de injusta no sana jamás, ni a presente ni a futuro. Querido Palop, nuestro lotero favorito, tu familia fallera te quiere y te cuidará en todo lo que pueda, puedes contar con ello. Y espero que tu Levante suba a Primera y que podamos volver a hacernos la puñeta cada martes. Descansa en Paz, Mónica.

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