Opinión

Oportunidad ante el desasosiego

El mal final también es culpa de Felipe, y seguro que lo sabe y lo asume

Rueda de prensa económica de Levante UD, José Danvila

Rueda de prensa económica de Levante UD, José Danvila

Desgraciadamente el milagro no se dio. No sorprendió a casi nadie, y es que, aunque era cierto que la probabilidad todavía daba chance, en la cabeza de todo levantinista estaba más que asumido que el destino abocaba a repetir por tercer año consecutivo la participación en la categoría de plata, hecho inédito en este siglo. 

Más allá del decimonoveno empate firmado esta temporada, que se dice pronto, fue curioso el devenir y el sentir de una grada hastiada, decepcionado y dolida por el devenir de un año irregular, con un quiero y no puedo constante, y un desgaste añadido al saber de la más que delicada situación económica y financiera por la que atraviesa la entidad. No ha sido una campaña fácil para nadie. A nivel social, la llegada de Danvila hubiera dado un halo de cierta estabilidad en cualquier club al contar con una persona dispuesta a asumir un riesgo personal en forma de su propio patrimonio y principalmente por esa inyección de dinero insuflada de manera urgente.

El efecto no fue así del todo. Con el amargo recuerdo de los últimos capítulos de Quico Catalán, Danvila no ha conseguido desquitarse de esa marca de influencia sobre su antecesor, factor que no le ha hecho entrar con un beneplácito total por parte de la masa social granota, un escenario que hubiera sido el ideal en estos momentos en los que el Levante necesita de alivio. Para el próximo curso quizás, y lanzo la sugerencia, sería bueno lanzar un mensaje de dónde estamos y a lo que aspiramos. Un vaso de realismo.

Con todo esto se escucharon cánticos lanzados sin discreción a todos los estamentos. El inicial fue el del citado Danvila, nada nuevo bajo el sol. A continuación, la mirilla se enfocó en Felipe Miñambres. Tras la decisión de destituir a Calleja, el director deportivo optó por el camino de en medio para tratar de reactivar al equipo. No lo ha conseguido. Abonado en demasía al empate, nunca ha conseguido dar con la tecla para hacer funcionar bien los engranajes de una plantilla que sinceramente creo que podía haber hecho más. El decepcionante final también es culpa de Felipe, y seguro que lo sabe y asume, con el añadido de haber ocupado dos roles, ambos sin el aprobado de rigor.

Aunque expusiera autoconfianza tras el partido frente al Alcorcón, este verano asume cometido de gran complejidad en la que no todo va a valer y cualquier error, va a tener más impronta que el acierto. Sinceramente, eché de menos algo más de empatía por su parte, sabedor del bajo estado de moral del aficionado. Precisamente y producto de la frustración los jugadores no se escaparon de la órbita crítica. Postigo y Álex Muñoz, jugadores que por cierto pueden salir del club este verano, trataron de apaciguar ánimos en la despedida del Ciutat. Falta de compromiso, ausencia de arraigo por la camiseta y el escudo y una desconcertante falta de intensidad en algunos partidos han puesto en duda el rendimiento de una plantilla, arrastrada hacia esa zona de nadie de la que ya no ha podido salir. 

Con esta tesitura, el Levante está en un gran momento para poder virar el proyecto de una manera más reconocible y eso pasa por recomponer al equipo que al margen de lo que pueda traer desde fuera, ha de surtirse de manera paulatina desde dentro. Los goles de Andrés García y Carlos Espí, parecieron iluminar el camino a seguir. La reconstrucción, condicionada por la estrechez, ha de ser sostenible y eso lleva inexorablemente a nutrirse de gente autóctona y propia. Habrá que guiarse por esta señal.

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