Opinión
El marcaje
Durante años, fue habitual utilizar el apellido de Magriñán, o llamativos derivados verbales («mangriñear, «mangriñanear»), para definir marcajes implacables, asfixiantes, perfectos, en cualquier ámbito de la vida.

José Mangriñán / SD
Sucedió hace exactamente setenta años, un 12 de septiembre de 1954. La Liga se abría con un duelo de titanes: el poderoso Real Madrid, vigente campeón del torneo, recibía en Chamartín a un Valencia con sabor a huerta y marjal que aún paladeaba las mieles de la reciente victoria copera. A pesar de la igualdad de títulos logrados en la campaña anterior, el Madrid partía como indiscutible favorito para hacerse con el triunfo: el factor campo y, sobre todo, la presencia intimidatoria de un conjunto de estrellas comandadas por Alfredo Di Stéfano hacían que pocos confiaran en un resultado distinto de la victoria local.
Sin embargo, el Valencia, aparente convidado de piedra a la -ya entonces mediática- puesta de largo del Madrid (que incluía, en los prolegómenos del partido, la entrega del Trofeo Pichichi a Di Stéfano), no se amilanó. En los días previos a la disputa del encuentro, Carlos Iturraspe -debutante en el banco, pero con una amplísima experiencia como metrónomo del equipo- planteó su estrategia con espíritu práctico: si Di Stéfano representaba el principal peligro del rival, entonces Di Stéfano había de ser anulado. La pieza clave para sacar adelante el plan era un incansable centrocampista que contaba con toda su confianza desde los días del anulado ascenso del Mestalla a Primera: un muchacho de la Vall d’Uixó de 25 años llamado José Mangriñán.
La sorpresa no tardó en desvelarse. Poco después del baño de multitudes del astro, tras indicar Mazagatos el inicio del encuentro, nuestro hombre se pegó a Di Stéfano. Este, algo extrañado por aquella temprana acción, trató infructuosamente de zafarse de la vigilancia de su par. Una vez. Y otra. Y otra más. Resultó imposible. No sabía Di Stéfano, como tampoco la afición madridista, que Mangriñán ya había sido empleado con el mismo fin tiempo atrás: en abril del 53, todavía con Jacinto Quincoces en el banquillo, había realizado un impecable marcaje al jugador del Málaga Rodríguez.
Pasaron los minutos y tanto el público como, y muy especialmente, Di Stéfano pasaron del asombro a la incomprensión y, finalmente, a la rabia. Ni una patada, ni un golpe, ni una mala palabra: Mangriñán (apodado, no caprichosamente, ‘Motoret’) hizo valer su coraje y fortaleza física para anular al argentino. Entretanto, el Valencia había marcado dos goles y se dedicaba a controlar el partido. En un punto del encuentro, tras una caída del muchacho, el enfurecido Alfredo pateó su barriga sin que el árbitro quisiera darse por enterado. Como recuerda Alfonso, hijo de Mangriñán y principal guardián de su memoria, el público jaleó la acción con una sola excepción: un socio que, llamado a capítulo posteriormente por la directiva madridista, decidió romper su abono y abandonar el club.
El caso es que la excepcional actuación de Mangriñán acabó siendo, como suponía Iturraspe, la clave del encuentro. Las palabras gruesas que dedicó la prensa capitalina a Mangriñán se fueron apagando en días posteriores y aquel recurso táctico entró por la puerta grande en la historia del fútbol. Algo más: durante años, fue habitual utilizar el apellido del chico, o llamativos derivados verbales («mangriñear, «mangriñanear»), para definir marcajes implacables, asfixiantes, perfectos, en cualquier ámbito de la vida.
Suscríbete para seguir leyendo
- El Valencia CF, ante el interés de Holanda, pide un esfuerzo a Arnaut Danjuma
- El Real Betis busca incorporar al ex del Valencia CF Enzo Barrenechea
- Habla la madre de Arnau Martínez después del partido del Girona y en plena negociación con el Valencia CF
- Última hora en la portería del Valencia CF
- El Real Madrid de Pedro Martínez cierra el fichaje de un objetivo del Valencia Basket
- El Girona agita el mercado a la espera de una nueva oferta del Valencia CF por Arnau Martínez
- Negociación avanzada entre Valencia CF y Ipswich Town para la cesión de Kayne Oevelen
- El Ipswich Town paga 30 millones por un viejo deseo del Valencia CF
