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Opinión | CONTRAVOLANTES

València

Max Verstappen salva los muebles en Singapur a pesar de su Red Bull y de la FIA

Max Verstappen en el podio con Lando Norris y Oscar Piastri

Max Verstappen en el podio con Lando Norris y Oscar Piastri / EFE

Max Verstappen era el primero en ser consciente de que el ajuste del coche en Bakú “estaba jodido” y de esa manera tan prosaica lo soltó en una rueda de prensa la Federación Internacional de Automovilismo. No sé qué opinará la suegra del holandés; la mía sí sé lo que diría: “el ‘jodido’ sobra”. Lo bien cierto es que la FIA se ha puesto en plan suegra y ha sancionado al holandés por el uso de palabrotas en sus ruedas de prensa. Ese tipo de lenguaje puede ser ofensivo y no es apropiado por el mal impacto sobre niños y jóvenes, esos a los que la Fórmula 1 intenta atraer ya que son los aficionados del presente y los clientes del futuro.

En València somos mucho de adornar frases con una 'brofegà', aunque no es algo privativo de aquí. Bien hilado el taco, y siempre que no se insulte, suele expresar autenticidad, ingenio y ser una válvula de escape. Al igual que Verstappen, Camilo José Cela protagonizó un famoso episodio por el uso de este tipo de lenguaje. Cuando era senador, el Nobel de literatura fue reprendido por quedarse dormido en la cámara alta en una soporífera sesión. Cela afirmó que no estaba dormido sino durmiendo. “¿No es lo mismo?”, replicó el presidente del Senado, a lo que el escritor contestó que no lo era “como tampoco es lo mismo estar jodido que estar jodiendo”. El coche de Max está en lo primero y la FIA anda haciendo lo segundo al imponer al holandés una sanción por su forma de hablar. En un mundo de egos como el de la F1 Verstappen contraatacó el sábado en Singapur dando respuestas monosilábicas en la rueda de prensa de la FIA y convocando fuera de la sala de prensa a los periodistas para poder hablar libremente.

Max Verstappen, en Singapur

Max Verstappen, en Singapur / AP

A pesar de toda esta polémica Max no salió tan… jorobado del Gran Premio de Singapur y aunque resultó insultante ver el dominio del McLaren de Norris, el holandés cruzó segundo la meta y minimizó daños en el Mundial. Muy cuesta arriba está para el inglés alcanzar al bicampeón, nada que ver con el mundial de constructores en el que los papaya siguen escapándose gracias a los puntos que suma Piastri y los que apenas logra Checo con el segundo de los Red Bull.

Ahora enfrentamos tres semanas de parón en las que los directivos de la FIA estarán tranquilos de saber que de la boca de Verstappen no saldrá otro exabrupto en sus ruedas de prensa. O a lo mejor sí, porque quién sabe qué dirá cuando se haga pública su sanción y qué trabajos deberá realizar por ser tan incisivo con la lengua como lo es con el volante.

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