Opinión
Libertad de exprisión
No quiero derivarme en la Historia, pero hemos de conocerla para evitar errores

Una imagen de la última protesta contra Meriton en Mestalla / JM LÓPEZ
Por favor, no es un error, y que no me modifique el título el Chatgpt o la inteligencia artificial o lo que sea ahora que lo haga (en mis primeros tiempos, había un corrector o tipógrafo, un señor que estaba al tanto de todo eso pero que me temo que ya no existe… tempus fugit…) ya que es lo que bien quiero decir. Viene a cuento de la odisea que están pasando dos valencianos en Singapur, por creer que la libertad de expresión (aquí sí, señores de la IA) es igual en todos los lugares de nuestro planeta.
Viniendo de España, donde quemar la bandera del país no es ya delito, porque se rige esa libertad de expresión, uno puede creer que (casi) cualquier cosa es posible allende nuestras fronteras, pero no, no es así, y antes de viajar hay que conocer, no digo todo el código penal del lugar al que nos dirigimos, sino al menos lo básico, para no entrar en conflicto con lo local.
Verán que, aunque el tema no parece deportivo, sí que lo es, porque afecta al Valencia CF, ya que lo acaecido en Singapur por los aficionados que ahí se encuentran, todavía cuando escribo, retenidos a la espera de la instrucción de su caso. Hinchas del club, que estaban en luna de miel, camino a Bali y que pararon, como es casi obligatorio, en Singapur.
El delito, que así lo contempla la Public Order Act, la ley de orden público de aquel lugar, del año 2009, aunque modificada recientemente en el 2020, nos lleva desde lo que es el terrorismo, en su artículo 1, hasta la participación en reuniones públicas no autorizadas o, estándolo, que se hayan llevado a cabo en lugares u horarios que no eran los permitidos.
Afortunadamente, la pegatina de «Lim go home» y la banderola con el mismo título, no llegan a ese artículo primero, sino que están en el artículo 16 de esas reuniones públicas no autorizadas. Uno podría pensar que reuniones significa más de una persona, pero no, allá con uno es bastante, aunque quien hizo las fotografías colgadas después en redes sociales podría ser considerada como colaboradora.
Con todo lo que uno crea, Singapur es una República democrática parlamentaria, y sus leyes son las que son, pero no es un régimen dictatorial. Estuve recientemente en ese país, y visité el parlamento (el antiguo y el moderno) y me tomé un Singapore Sling en el famoso Hotel Raffles, pero sabía que no podía tener un chicle ni, horror, tirarlo al suelo. Son cositas que uno va aprendiendo, viajando.
Pero los aficionados del Valencia, que ojalá acaben de vuelta a casa lo más pronto posible, se enfrentan a una multa, solo eso o a un simple apercibimiento, así que habrá que estar contando los días para que estén en nuestra ciudad y que, aquí sí, puedan quejarse de lo que quieran, porque nuestra libertad de expresión sí que es el summum de lo que uno puede pensar, en todo el mundo.
Recordemos, solo a efectos de dar una pequeña clase de derecho constitucional «mundial» que, por ejemplo, desde el año 1956, está prohibido el partido comunista en Alemania y que el uso de sus símbolos en lugares públicos podría ser castigado penalmente. De igual forma existe esa negación al PC (partido comunista, no ordenador personal…) en Irán, o en antiguos Estados de la URSS (Ucrania sin ir más lejos) o del Pacto de Varsovia (Hungría, Letonia, etc…).
No quiero derivarme en la Historia, pero hemos de conocerla, no para no cometer los mismos errores, porque el ser humano repite y, cual Sísifo, vuelve a cargar con la piedra que cae, una y otra vez, sino para evitar que nos puedan arrestar cuando estemos gritando «libertad» o «cualquiera Go Home».
Al final, nuestros valencianistas se van a ir, al parecer, solo con una reprimenda, pero ojo con que quieran volver a entrar a Singapur, que quizá no lo tengan tan claro. La próxima vez, escala en Kuala Lumpur para ir a Bali… Nuestros derechos son los que tenemos aquí y no siempre son lo que se admiten en otros lugares, por lo que se ha de estar muy al tanto de lo que uno pueda o no hacer.
También, me imagino, las autoridades singapurenses habrán tenido en cuenta el arrepentimiento de los infractores y cómo se han comportado esos aficionados cuando fueron retenidos, por lo que la pena ha sido menor. En todo caso, y para quien quiera tener algo más de conocimiento de lo que a uno le puede pasar, recomiendo leer o releer a Franz Kafka, quien nos diseñó un laberinto moral, legal y mental en «El proceso». Disfruten y cuídense (e infórmense si viajan…).
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