Opinión | CONTRAVOLANTES
Ferrari monta un casino en Las Vegas

Carlos Sainz, en el podio de Las Vegas / EFE
La segunda visita de la Fórmula 1 a la ciudad de Las Vegas le ha dado a Max Verstappen un merecidísimo cuarto mundial de pilotos. Su primer título fue el desenlace de una lucha de infarto en la última vuelta de la última carrera batallando contra Hamilton, pero el segundo y tercero fueron resultado de un dominio absoluto. Este cuarto título, que le iguala a Alain Prost y a Sebastian Vettel, ha sido más peleado que sus dos anteriores. La fuerte oposición de McLaren ha obligado a Max a madurar, a pilotar siendo consciente que no hace falta ser primero en cada curva y en cada batalla. Cuando ha tenido la oportunidad, ha brillado de forma excelente, como lo hizo en la anterior carrera en Brasil. En Las Vegas no le ha importado ser quinto y ahora ya goza de ese exclusivo tetracampeonato.
La carrera en la ciudad de los casinos se anticipaba como un paseo para Ferrari, pero las bajísimas temperaturas hicieron sufrir a casi todos por problemas en el rendimiento de las gomas. Mercedes fue el único que supo lidiar la situación y se llevó el dominio en todas las sesiones y un doblete un tanto inesperado. Ni en el propio equipo se explicaba el porqué. Así, el esperado paseo de Ferrari se esfumó y con él, tal vez, la última oportunidad de Carlos Sainz de ganar con el monoplaza de Maranello. El dolor por la ausencia de un triunfo que se escapó se agravó, una vez más, por un desempeño cuestionable de la estrategia del equipo. Sus dos pilotos calentaron las radios con críticas ácidas hacia su muro. A Sainz le marearon: el madrileño pedía box para cambiar unas gomas que no funcionaban, pero lo mantuvieron en pista. Cuando finalmente lo llamaron a garajes, in extremis, le hicieron quedarse fuera, casi ya con el coche en carril de boxes. “Vamos tíos, despertad”, gritó Carlos. El lío de la entrada del español provocó un undercut, una ventaja estratégica que le ayudó a superar a Leclerc, al que antes había cedido posición. Cuando el monegasco cruzó la línea de meta y abrió la radio entró en erupción: cabreado, por perder el podio en favor de Sainz, Charles lanzó sapos y culebras entre exabruptos de esos que se tapan con pitidos y por los que a Max le caen multas y reprimendas de la FIA. Es doloroso ver cómo a Sainz lo bajan del Ferrari por Hamilton en 2025, pero muero de ganas por ver cómo gestiona Lewis estos particulares enfoques que parecen más un casino, un lío que dicen los italianos, que una estrategia de carrera ganadora.
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