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Opinión

Otro racismo

Rodrigo Betancur, ha sido sancionado por la Premier League con siete partidos de suspensión y 119.000 libras de multa, por haber hecho unos comentarios racistas, sobre su propio compañero coreano, Son

Heung-Min Son

Heung-Min Son / DAZN

Vuelta al tajo, como decía mi padre y otra vez a hablar de deporte, cuando todavía no ha pasado toda la desdicha en nuestra provincia. Y, rebuscando en las noticias, me encuentro con una que me da que pensar.

Así, el jugador del Tottenham Hotspurs, Rodrigo Bentancur, ha sido sancionado por la Premier League con siete partidos de suspensión y 119.000 libras de multa, por haber hecho unos comentarios racistas, sobre su propio compañero coreano, Son. Y es que a Rodrigo le parecía que todos los coreanos se asemejaban, al hablar de un partido. Esto, que en otros tiempos hubiera sido perdonado, ya no lo es.

¿Es otra versión del “wokismo” que nos invade, o es realmente una tendencia que tiene raíces más profundas y verdaderas que ese movimiento algo atrabiliario y al que no se debe uno enfrentar? Creo que sí, que el racismo existe porque tenemos desconocimiento al otro, al que no es igual que nosotros y que, a veces, nos lleva a decir cosas como las de Betancur.

A los coreanos les pareceremos todos los blancos iguales, pero no tienen la lengua tan veloz como los iberoamericanos o tienen mayor cultura de la amabilidad, y no lo dicen. Mis amigos negros tampoco me lo reprochan (ser igual a otro blanco) pero todavía se da la circunstancia contraria.

En fin, que la sanción que se ha dictado contra el jugador de los Spurs bienvenida sea, pero me temo que si no desarrollamos unos reglamentos bien establecidos, donde se pueda valorar exactamente qué sanción merece cada hecho punible, estaremos pronto en un torbellino deportivo-jurídico que será complejo de lidiar (aunque a los abogados del sector nos vaya más que bien que exista…).

Y es que, en primer lugar, a quien se sanciona no es solo al jugador, sino a su club, que se ve privado de una estrella para partidos en los que le necesita, cuando nada culpa al equipo, porque no es dueño de la lengua o el cerebro de su futbolista. ¿No sería mejor, a mi entender, sancionarle solo con una multa, mucho más alta, y obligarle a seguir cursillos sobre comportamientos racistas?

Me podrán replicar que esto ya parece 1984, la gran obra de George Orwell, donde poco a poco se debilita la idea individual para convertirnos a todos en un solo ente, seguidor del Gran Hermano. Pero, no me parece que sea eso exactamente, y no se trata de “rehabilitar” como en la China de Mao o aún peor en la Camboya de Pol Pot, donde llevar gafas te hacía estar presto para el paredón.

Aquí se trataría de, como se hace con las apuestas ilegales o los partidos amañados, conseguir que los jugadores no hagan ese tipo de barbaridades, como tampoco que sigan unas bromas que, a los que las sufren, pueden parecerles dañinas.

Bentancur, como la gran mayoría de nosotros (y me incluyo) venimos de un tipo de cultura que aprueba bromas sobre estereotipos y, sin apoyar el racismo, no nos damos cuenta de que otros no las perciben como nosotros. Esto también ocurre porque el mundo está cada vez más abierto y los movimientos migratorios de todo tipo, incluido el futbolístico, nos permiten tener a todo tipo de seres humanos, cerca de nuestra vida, que no tuvimos hace décadas.

No es cuestión de ponerse “woke” y de prohibir todo, sino de intentar ser ecuánime al hablar del “otro” y de saber que puede ser al revés y que, como Betancur confundía a todos los coreanos, algunos nos confundan a todos nosotros. Y aquí, como he dicho antes, se trataría de ser justo en la sanción y que fuera personal y no afectara al club y que éste, también, pudiera sancionarle internamente. Pero, si no se aplica bien o se tiene unas reglas claras, podría reventar deportivamente una competición. Racismo no, pero reglas claras y que no perjudiquen a los clubes, sí.

Y acabo con una buena noticia, ya que la semana pasada se celebró el Congreso de la Asociación Internacional de Abogados del Fútbol (AIAF), de la que he sido elegido presidente este año, y en una subasta de camisetas de equipos varios, se ha obtenido una cantidad que se va a destinar a los damnificados de la DANA. Así, desde Riyadh, Arabia Saudí, se habló valenciano y se consiguió algo para nuestra tierra. Y termino recomendando, para estos días, la excelente novela de Andrés Trapiello, “Me piden que regrese”. Disfruten y cuídense, por favor.

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