Opinión
Carles Espí y la gestión del momento
El Levante demostró contra el Burgos que sabe ganar cuando no lo merece: de tardes así está hecho un ascenso

Espí
Hay que saber ganar y hay que saber perder. En el fútbol y en la vida. Lo escribíamos hace unas semanas, tras algunos partidos frustrantes. El Levante ya ha demostrado que sabe perder. Tras cada derrota, se ha revuelto con fiereza. Las crisis son breves en el Levante de Calero. Ahora, además, empieza a demostrar que también sabe ganar, en concreto, esos partidos densos, de hormigón, en los que falta lucidez y donde la madeja se desenreda con la inspiración de un par de futbolistas cuando estás casi en la lona.
El partido contra el Burgos fue importante. Con tardes como esas se construye un ascenso. No todos los partidos tendrán la efervescencia de las ocho ocasiones clarísimas contra el Málaga, pero una victoria rácana vale exactamente los mismos puntos.
Gestionar el momento es un arte. Saber adaptarse a los contextos y saber qué hacer en cada imprevistos, incluso aunque no sea lo más popular, es la materia prima de la que está hecho el éxito. Nada recomendaba, por ejemplo, dejar a varios titulares en el banquillo el último partido, pero era lo que necesitaba una plantilla que sufre cuando se acumulan los partidos.
La vida son momentos y hay que gestionarlos. Este puede ser el momento determinante en la vida de Carles Espí. Aunque parezcan escasos, Calero le está dando los mejores minutos, aquellos en los que sus virtudes brillan más y sus defectos quedan silenciados. Él, como respuesta, está demostrando a todos que puede ser algo más que un cazador de centros laterales, y que está para todos los escenarios de partido. Sus dos goles hablan de un delantero total. Está creciendo con el acompañamiento adecuado.
La gestión del momento. Hace un mes, otro futbolista parecía perdido para el resto de la temporada. La solución para Iván Romero no fue esconderlo de las críticas, sino darle todas las titularidades. Hoy responde con goles. ¿Cuántos jugadores se habrán perdido en la hoguera de la impaciencia?
Llevamos tres años sin un goleador de referencia. Con Roger Martí, el club también gestionó el momento. En su caso, la solución fue enviarlo de prácticas, lejos de Orriols, donde todavía no tenía espacio. Un oportuno descenso se cruzó en su camino. El resultado es conocido: cuando más necesario era, apareció un delantero inesperado que nos colocó en Primera y contribuyó a algunos de los mejores años de nuestra historia.
Roger, por contra, no supo gestionar su momento. Lo echamos de menos tras el último descenso. Tanto como él, seguramente, nos echará de menos a nosotros. Jugador y club habrían salido ganando de haber continuado unidos en aquella maldita temporada 2022-23.
Gestionar el momento no es fácil y Miñambres, el mismo que creyó que Carlos Álvarez podría crecer en Orriols, se enfrentará esta semana a uno de los fantasmas que le persiguen, Alessio Lisci. Desde que fue despedido de aquella manera, el banquillo granota ha visto pasar, antes que a Calero, a Medhi Nafti, Calleja y el propio Felipe. El potencial que el italiano demostró merecía aquella oportunidad regateada. Es posible que el próximo año lo veamos en un banquillo más grande que el que podamos ofrecerle si no logramos el ascenso. La vida está hecha de momentos, de lo que fue y lo que pudo haber sido. Mientras tanto, aprovechemos el nuestro, y sigamos confiando en que todo saldrá bien mientras acaba este maldito 2024.
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