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Opinión

Valencia

Adiós a la poesía del joc de pilota

Rovellet

Rovellet

Cuando la cafetería de Pelayo era el Café Gijón de la intelectualidad pelotística y se recordaban partidas, jugadas en tiempos del Lloco y el Faixero, de Simat y Danielet el de Sueca, ninguno de los historiadores de la memoria podía competir con la sabiduría de D. Antonio. Acumulaba experiencias vividas , memoria de historias de su padre, y recuerdos imborrables de partidas presenciadas que contaba con la misma precisión que aquella “feta de dau” del día de su homenaje por 25 años de profesional. 

Fue la primera vez que vi a Rovellet. El destartalado trinquete de finales de los sesenta, con telas metálicas oxidadas y agujereadas, se llenó hasta los topes para rendir tributo de admiración hacia quien les había deleitado desde que debutara con quince o dieciséis añitos. Jugaba contra un Eusebio en plenitud. No recuerdo si ganó o perdió, como seguramente tampoco recordaría el Rovellet, pues los artistas disfrutan de sus lienzos aunque tengan que regalarlos. Me quedé con una “feta de dau”que buscó directamente la “careta” para dibujar un “quinze” que fue pura poesía. La afición se volvió loca. Esa jugada era el sello de la superioridad del creador en los trinquetes valencianos de la belleza luminosa de Sorolla, de la armonía de Mozart o de la perfección escultural del David de Miguel Angel. Y es que Rovellet elevó a la categoría de arte el juego de pelota valenciana.

Cuando la cafeteria de Pelayo emanaba sabidurías de siglos, con ensalada valenciana, vino de la tierra y almuerzos para las gentes del pueblo fui testigo de la conversación entre Rovellet y Genovés, ya retirados. Paco me contaba que en sus inicios jugó contra “ el Mestre”. “Un dia, a Burriana, la “Maestranza”, jugava contra este senyor… Tot un honor i li vaig vore una jugada que no oblidaré en la vida.

Vaig llançar una pilota a la galería i rebotà per a caure a la canxa. La jugà a l’aire, per baix del colze i la col.locà en el palquet de baix. Jo pensí quan podría fer aixó i me contestava a mi mateix que mai”. Dicho lo cual se dirigió a su maestro para preguntarle cuarenta años después porqué la jugó de esa manera si lo más seguro y eficaz era dejarla botar…Y Rovellet le contestó: “porque si la hubiera jugado como tú dices no hubiera sido Rovellet…”. En esa respuesta se sintetiza la grandeza de Tonín, el creador de poesía en el Joc de Pilota.

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