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Opinión

València

Autodestrucción

El pitorreo de Mestalla hacía sus jugadores sienta un precedente nunca visto, donde a los habituales culpables se suma ahora el novato y torpe entrenador

Partido de copa del rey entre el Valencia CF y FC Barcelona

Partido de copa del rey entre el Valencia CF y FC Barcelona / F. Calabuig

La tragicomedia de Mestalla se ha vuelto definitivamente en contra del valencianismo. El cachondeo de la grada ante el baile culé que estaba recibiendo el equipo de Corberán es muy alarmante. Supone la definitiva desafección de la afición con su equipo. Un precedente nunca visto en las últimas décadas que ilustra a la perfección el nivel de desesperación, la baja autoestima colectiva y la desconfianza absoluta en la permanencia. A los culpables habituales, hay que colocar en lugar destacado al nuevo entrenador. Con Corberán el Valencia va directo al pozo, un técnico inexperto e incapaz de aprender de los errores, que planteó el duelo ante el Barcelona peor que en Montjüic, sin importarle nada lanzar por la borda la esperanzadora victoria al Celta de cara al trascendental partido de mañana con el Leganés. Todo un inconsciente. 

La responsabilidad más grande la tiene quién contrató al de Cheste, que, conociendo a sus padrinos y a su entorno chulesco, incluso ante un juez, está claro que su paso fugaz por el banquillo será pura dinamita. Los empleados de Lim regatearon un contrato a un entrenador solvente como Quique Sánchez Flores, pero aceptaron pagar más por un preparador novato, y la consiguiente comisión a esa cuadrilla que lleva años viviendo del Valencia, antes de Meriton y todavía más desde que llegó Lim. 

La sorprendente actitud de Mestalla, con pitidos incluidos a sus futbolistas, con la inestimable falta de oficio de Corberán señalando a algunos de los suyos en los cambios, es la constatación de una crisis galopante que la propiedad del Valencia no ha querido atajar en el mercado de enero. La confirmación que no hay nada que hacer se ha instalado y durará hasta el final de la temporada y como en todos los procesos de trastornos, las válvulas de escape son variadas. El diagnóstico está claro, pero hasta que no se vaya Lim será imposible un tratamiento adecuado.

Confieso que nunca había visto un Valencia tan estropeado, porque incluso el que descendió hace 30 años era mucho mejor. Entiendo a los que se fueron el jueves antes del descanso, a los que aprovecharon el intermedio para irse, y los que no aguantaron más con el quinto. También a los que se quedaron hasta el final, e incluso a los desesperados que esperaron la salida de los jugadores, pero el pitorreo de Mestalla es una falta de respeto a muchas cosas, empezando por las de nuestras propias familias. Salvar al Valencia de Lim y de Segunda pasa primero porque nadie vuelva a hacer más el ridículo.

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