Opinión
El espía
El libro desmenuza la fascinante historia de Lecube, capturado en 1942 por el servicio secreto británico

El 'Espía'
Con frecuencia los grandes relatos surgen de la necesidad de saciar la curiosidad sobre temas o personajes poco iluminados por la historia. Es el caso de «Lecube, el futbolista de Hitler» (Almuzara, 2024), reciente publicación en la que el joven periodista Oriol Jové recupera la vida oculta de Juan Gómez de Lecube, figura hoy borrosa del primer balompié profesional.
Un texto que es fuente de disfrute para todo aquel a quien le atraigan el fútbol y las historias de espías y cuyo origen, explica Jové, fue fruto de la casualidad: el autor dio con su particular mina de oro mientras, todavía adolescente, buscaba información en internet sobre los entrenadores de la Unió Esportiva Lleida.
El resultado es verdaderamente apasionante. Jové relata con agilidad y precisión, a través de diferentes analepsis y empleando abundante documentación hemerográfica, la trayectoria vital de Lecube antes de la Guerra Civil: su prometedora carrera futbolística, con paradas en la Gimnástica de Torrelavega, el Celta, el Athletic de Madrid y nuestro Gimnástico; su prematura retirada para centrase, aparentemente, en su empleo como funcionario; sus negocios vinculados al mundo de las carreras de galgos, muy en boga durante los años treinta; su intrincado universo familiar, repleto de nombres que no desentonarían como protagonistas o secundarios de una novela de intriga.
Con ánimo de completar el retrato del personaje que realiza el autor aportaremos un detalle adicional, aunque no menor, en su vida deportiva: en Valencia, a donde Lecube se trasladó a comienzos de los años treinta atraído por la actividad del canódromo de Vallejo, se alineó inicialmente con el equipo de periodistas deportivos de la ciudad, los populares «plumíferos». Sus electrizantes actuaciones y los sonoros adjetivos que le dedicaron sus compañeros llamaron la atención del Valencia, primero, y el Gimnástico, después, ávidos de desequilibrio y gol. Si bien Lecube no pasó el filtro de Randolph Galloway, sí convenció a los directivos gimnastiquistas y acabó fichando por el club decano a comienzos de 1933. Esta sería su última aventura sobre el césped.
Sin embargo, más allá de las mil vivencias de «la motocicleta humana» en los terrenos de juego, que ya justificarían la publicación del libro, el grueso del trabajo está consagrado a desmenuzar una fascinante historia sepultada durante años en los archivos del Reino Unido y que fue desclasificada en una fecha tan cercana a nosotros como 2004: la captura de Lecube en 1942 por parte del servicio secreto británico bajo la acusación de ser un espía nazi y las múltiples vicisitudes posteriores del personaje en sus estancias forzadas en América y Europa. Este tramo del libro, construido con una narrativa casi fílmica, constituye un material de primera que algún avispado productor televisivo habría de aprovechar. Sin desvelar el contenido del libro, que reservamos para los curiosos, diremos que Lecube hizo de la obstinación su pan de cada día y que, escurridizo como en el campo de juego, burló de manera habitual a sus celosos captores.
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