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Opinión

València

Eterna germanor

El Villareal hace años que es un club bien gestionado y un equipo mejor que el Valencia, aunque la leyenda futbolística se construye con varios lustros de risas y llantos

Valencia-Villarreal

Valencia-Villarreal / Francisco Calabuig

Tengo un aprecio especial por el Madrigal. Ha sido el único estadio que tuvo el buen gusto de colocar mi nombre en una larga pancarta, con una intención revanchista, aunque a mí me pareció casi poética. “Nano, ja pots morir-te”, me telefoneó el bueno de Carlos Bosch nada más verla, para darme la noticia y la consiguiente enhorabuena. La verdad es que el futbol, y el periodismo, van tan acelerados que hace tanto tiempo de aquello que no recuerdo claramente el motivo. Supongo que sería una de mis entonces habituales bravuconadas en el fragor de una tertulia televisiva. Semanas después, unos buenos amigos groguets sacaron a pasear el ingenio para asegurarme que el club, digo del Villarreal CF, deberían haberme ofrecido un contrato fijo por ser el primero en despertar a una afición durmiente. Pelillos a la mar, aunque es verdad que la excelente gestión realizada por los responsables del submarino en estos últimos años no luce mucho en Vila-real. La leyenda deportiva se construye con varios lustros de alegrías y lloros, como se sabe en Mestalla.

También conozco el cómo y cuándo se torció la germanor entre valencianistas y groguets, y que esas heridas del agravio cuestan cicatrizar, pero en el verde, que es donde se dirime todo, el Villareal hace tiempo que le ganó la mano al Valencia. Por tanto, esta noche los de Marcelino son favoritos, en un duelo, donde el valencianismo pasa otra prueba del ilusionante calvario de la permanencia. Sobre el papel, el partido será entretenido, pues tanto el técnico local, como muchos de sus jugadores conocen a la perfección los agujeros tácticos del rival, y la grada grogueta siempre aprovecha la ocasión para rebajar los aires de superioridad que marca el vecino mayor. 

Un escenario propicio para que Corberán aplique un plan especial, que supongo ha ensayado estos días, porque creo que ya se ha dado cuenta de que su éxito, y su futuro en los banquillos, pasa por salvar al equipo, o sea ir sumando puntos en cada partido. Lo otro, su atrevido planteamiento y esas otras licencias inglesas importadas, debe guardarlas para tiempos mejores. Existen brotes verdes, con la solvencia de Mosquera y Diakhaby en el centro de la zaga y la acertada batuta de Guerra. Lo más importante es mantener la portería a cero. Por cierto, vistos los últimos partidos de Mamardashvili y su inminente marcha a Liverpool, ha llegado el momento para que Dimitrievski sea el titular.

Con independencia del marcador final de esta noche, todos mis respetos y admiración a la directiva del Villarreal, y también para los responsables de aquella magnífica muestra de germanor, mi inolvidable pancarta del Madrigal, rebautizado después como Estadi de la Ceràmica.

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