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Opinión

València

Lisci way of life

Lisci era una “inversión” para el Llevant, destilada lentamente y echada a perder con la decisión de Miñambres de entregar el proyecto del regreso a la élite a Nafti

Alessio Lisci durante un partido

Alessio Lisci durante un partido

Alessio Lisci era patrimonio granota. Material e inmaterial. Forjado en Buñol durante una década, creció futbolística y personalmente en el Llevant UD. Su gran oportunidad le llegó a la desesperada. Cogió al equipo colista y hundido, con 7 puntos en 15 partidos. De hecho, más que una oportunidad, era un marrón. Y, sin embargo, en un momento en que la inmensa mayoría no daba un duro por aquel Llevant, Lisci consiguió rearmar la esperanza del levantinismo. Aunque no lograra la permanencia, conectó con la grada. Aparte de su dedicación en cuerpo y alma al club, Lisci también era una “inversión” para el Llevant, destilada lentamente y echada a perder con la decisión de Felipe Miñambres de entregar el proyecto del regreso a la élite a Nafti. Con el consentimiento de Quico Catalán. En vez de valorar el trabajo de Lisci durante 23 partidos, en los que levantó una plantilla hundida y sumó 28 puntos, le hicieron perder el tiempo y acabaron ofreciéndole un trabajo de técnico interino, mientras ubicaban al frente a un desconocido.

De Lisci deberíamos extraer dos lecciones: que no podemos menospreciar el trabajo de los nuestros, precisamente por el hecho de que sean de la casa; y que nuestra cantera es un tesoro desaprovechado, que hay que seguir cuidando y mejorando.

El Llevant necesita definir una filosofía de club que escape de las urgencias, que respete ciertos valores y que permita encajar harmonicamente todos los estamentos del levantinismo. Por el contrario, pretender ordenar las coyunturas negativas y apagar fuegos de arriba hacia abajo es contraproducente e ineficaz.

Lisci y su Mirandés llegan a Orriols a defender el liderato. ¡El Mirandés! Los que entienden de esto preconizan que los jabatos se hundiran cuando sus cedidos empiecen a pensar en la próxima campaña y en los futuros contratos. En mi opinión, el romano será capaz de hacer comprender a sus futbolistas que su futuro se disparará si consiguen una gesta como ascender con un club tan modesto como el Mirandés. Y no se deshincharán. Al contrario, con la ilusión creciente de verse arriba se harán más y más fuertes. Hasta mayo de 2012 el Mirandés no consiguió ascender a Segunda, tras haber alcanzado las semifinales de Copa. Casualmente, esa misma temporada el Llevant alcanzaba su mejor clasificación histórica en Primera y accedía a la Europa League.

Quizás el paso de Alessio Lisci por la disciplina granota durante diez años y su posterior revelación como uno de los mejores entrenadores de Segunda, debiera servirnos para aprender de los errores y mirar al futuro con una exigencia y una ambición que nada tienen que ver con el momento actual. Quiza Lisci nos muestre el camino.

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