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Opinión

València

San Corberán del Bendito Milagro

El tal Vinicius Jr. dejó claras muestras el sábado de por qué no ha ganado un Balón de Oro

Carlos Corberán dando instrucciones en el Bernabéu

Carlos Corberán dando instrucciones en el Bernabéu / EFE

Pues sí dieron la cara en Madrid, sí. Y mucho más que eso: compitieron y ganaron en el Bernabéu. Que le hayamos complicado la liga al equipo merengue no me produce alegría extra, aunque alguna sonrisa me arranca cuando veo algunos acólitos televisivos del equipo mesetero. Incluso la bofetada futbolística tiene su gracia si nos quedamos con el detalle de que, tanto en la retransmisión televisiva como en la radiofónica, siempre sonaba lo mismo: pierde el Madrid. No era: gana el Valencia. Porque aquí se ve que solo juega uno, en general y dentro de ese universo en sí mismo que es el equipo merengón, hay otro universo, que también juega solo a lo suyo, que es un tal Vinicius Jr., que dejó claras muestras de por qué sigue sin ganar un balón de oro.

Los hay que quitan mérito a esta victoria del equipo de Corberán, pero lo cierto es que el técnico de Cheste planteó el partido de una manera brillante, ante un indolente once titular madridista. Y sí, esto también debe decirse: para ganar allí tú debes hacerlo casi perfecto todo y ellos (que son un equipazo), deben jugar muy mal en conjunto. Y a pesar de esta combinación a veces también ganan, porque arriba tienen lo que casi ningún equipo del mundo puede reunir.

El Valencia CF de Corberán ganó allí, donde solo el Barcelona había ganado. Consiguió su primera victoria fuera de casa en el templo más complicado. Y yo me quito el sombrero y envaino la espada que a veces saqué a relucir ante el rendimiento de algunos, en concreto. Javi Guerra jugó muy cómodo, pero lo hizo de forma brillante; Jesús Vázquez estuvo enorme, como Mosquera; o la fe de Hugo Duro unida a la potencia de Rafa Mir. Ahora no pensemos que ya hemos cumplido con la temporada, porque no es así, pero, sin duda, han realizado una excelente hazaña. Y hay que aplaudirles enérgicamente, igual que, cuando lo hacían muy mal, se decía y se sacaba el látigo. Visto lo visto, el técnico está obrando un milagro de gran magnitud: una segunda vuelta de puestos Champions, no lo olvidemos.

Toca consolidar este proyecto a corto plazo, porque el Valencia CF, en lo deportivo, no tiene un proyecto hecho y asentado: son todo improvisadas enmiendas, decisiones de última hora. Lo sabemos y entiendo que Corberán también, a no ser que haya otra historia entre bambalinas que no conozcamos, más allá de los chismorreos de venta del club. El próximo fin de semana tenemos un encuentro con nuestra auténtica realidad: una final para certificar que, de manera virtual, hemos escapado del descenso. Aún te falta conseguir cuatro victorias en ocho partidos para que los números den, pero ganarle al Sevilla sería un paso de gigante. De hacerlo, la victoria en el Bernabéu, más allá de tocarle la cara a un equipo al que siempre le tienes ganas, se magnificaría, se haría poderosamente productiva. Esa es nuestra auténtica batalla, no lo olvidemos.

Y digo más: Corberán ha convencido a este grupo de chavales a salir a matar y a morir, a un mismo tiempo, en el campo y por la camiseta. Hay jugadores que salen de reemplazo, por el motivo que sea ahora, y otros que lo hacen de titulares. Todos vienen a sumar a esa causa, aunque el acierto sea algo irregular en algunos casos. Me queda claro que Canós ya no pinta nada aquí para el técnico, y que Yarek no le da confianza alguna. Que a Guillamón lo mira de reojo como mira a Pepelu, pero sigue confiando en la calidad (indiscutible) de los dos, aunque prefiere otras opciones, eso está claro. Me choca la cantidad de oportunidades que da a un jugador que, de momento, y a pesar de llevar tres años ya en el primer equipo, no acaba de mostrar nada: Fran Pérez. Se que hay jugador debajo de esa insuficiente muestra que ha dado hasta el momento: para mí sigue eligiendo mal siempre y no mete la pierna. El día que dé un paso al frente, será un gran pelotero, pero de momento no está en ese nivel y este Valencia CF no sé si podrá seguir esperándole tanto. Lo mejor, quizá, sería una salida en forma de cesión y a jugar muchos minutos. Con otros jugadores tengo la misma sensación: Jesús Vázquez, por ejemplo.

Ahora falta recuperar una versión algo más fiable de Rafa Mir, un Hugo Duro más sólido en el juego y que Almeida haga bastante más de lo que hace (tiene suerte que Iván Jaime está KO): esa dinamita ofensiva es la que parece que aún anda mojada y nos daría un salto de calidad y fiabilidad importante. Nos volveremos a encomendar a San Corberán del Bendito Milagro, que nos hizo llorar contra el Barcelona, y gritar y reír contra el Madrid (casi dos veces): yo creo que solo él es capaz de convencernos de que, con esta plantilla, podemos llegar lejos. Por supuesto, queda terminantemente prohibido hablar de otra cosa que no sea la permanencia, bajo amenaza de estropear esta buena, buenísima dinámica deportiva. El valencianismo espera otro milagro y por eso se reúne, en masa, en el altar de Mestalla, que está siendo el centro de la resurrección: demos gracias a San Corberán del Bendito Milagro y a sus acólitos, los jugadores, por llevarnos por la senda del bien (a pesar del amo), poco a poco y con mucho trabajo. Ya verás como algún iluminado hereje dirá que, en verdad, es Kiat Lim el santo varón, pues con él no se ha perdido todavía. Alguno habrá: quizá los que cobran del club aquí. En fin, quien no se consuela es porque no quiere.

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