Opinión
El loco Corberán
Hay trabajo táctico, pero también libertad creativa. Hay una presión alta inteligente, transiciones rápidas y solidaridad atrás

Carlos Corberán en el banquillo de Mestalla durante el Valencia - Sevilla / JM LÓPEZ
En el fútbol, como en la vida, hay momentos de locura en los que, al final, todo parece alinearse. Ni el más cuerdo de los locos, ni tampoco el más loco de los cuerdos atisbaba un horizonte como el que se avecina en Mestalla en este tramo final de temporada. Porque el Valencia CF, tras mucho tiempo de inestabilidad institucional, deportiva y emocional, vive ahora -sobre el verde- un comienzo de esperanza, trabajo y fútbol con sentido. Y gran parte de esa locura en forma de transformación tiene un nombre propio: Carlos Corberán.
Desde su llegada a Mestalla, el técnico valenciano ha dotado al equipo una identidad reconocible y coherente. Lejos del ruido y del cortoplacismo que ha caracterizado cada proyecto de Meriton, Corberán ha sabido construir desde la serenidad y el trabajo, alejado de los focos y apostando por una idea clara: competir desde el orden y el compromiso colectivo.
El Valencia actual no solo gana partidos, sino que transmite algo incluso más valioso: tranquilidad. En un club que ha vivido demasiado tiempo entre la melancolía del pasado y la frustración del presente, ver a un grupo que pelea cada balón como si fuera el último, que respeta el escudo y que conecta con la grada, es un bálsamo y una grandísima noticia en los tiempos que corren. Y en eso, la mano de Corberán es más que evidente a todos los niveles.
Teniendo que emigrar a Inglaterra para buscar una oportunidad tras pasar por el fútbol de cantera español, Corberán no es un improvisado en esto. Su perfil meticuloso, casi obsesivo por el detalle, ha encajado con las necesidades de un club que pedía a gritos orden y dirección. Lejos de sentimentalismos y discursos apelando al escudo o los bemoles, ha sabido potenciar a los jóvenes desde el aprendizaje, recuperar la mejor versión de futbolistas que parecían perdidos y, sobre todo, ha devuelto al equipo un estilo reconocible: trabajar desde el orden y el oficio.
En este Valencia hay equilibrio. Hay trabajo táctico, pero también libertad creativa. Hay una presión alta inteligente, transiciones rápidas y una defensa solidaria. Lecturas de partido dependiendo del rival y comunión con la plantilla lejos de conjuras y tópicos del pasado. Y todo eso no nace de la casualidad, sino de una planificación diaria, de un vestuario comprometido y de un entrenador que cree firmemente en lo que propone a pesar de algunos varapalos. O como lo cataloga el míster: Resiliencia.
Corberán ya lo sabía como valenciano, pero ha entendido -además- en este tiempo algo fundamental: el Valencia CF no es un club cualquiera. Tiene una afición exigente, pasional y orgullosa. Y para ganarse a Mestalla no basta con ganar. Hay que convencer. Hay que emocionar. Hay que dejarse la piel. Y este equipo lo está haciendo -y de qué manera- ¿Será suficiente para volver a Europa? ¿Se mantendrá esta dinámica en los partidos decisivos? ¿Le harán un equipo competente la próxima temporada? Todavía es pronto para responder a esas preguntas, pero lo que ya es evidente es que, por fin, el Valencia.
¿Será suficiente para volver a Europa? ¿Se mantendrá esta dinámica en los partidos decisivos? ¿Le harán un equipo competente la próxima temporada? Todavía es pronto para responder a esas preguntas, pero lo que ya es evidente es que, por fin, el Valencia ha encontrado un rumbo. Y Corberán, sin aspavientos y sin titulares grandilocuentes, está siendo el profesor ideal para dar clase a estos chavales.
El fútbol le debía al Valencia una alegría –aunque sea pequeña-. Y quizá, solo quizá, esa alegría esté empezando a fraguarse en los entrenamientos de Paterna, en las charlas tácticas de Corberán, en los goles celebrados con rabia por una plantilla joven y valiente lejos del ruido generado en los despachos de Micer Mascó y de la ausencia de él en las obras del Nuevo Mestalla.
Porque ni el más loco de los cuerdos, ni tampoco el más cuerdo de los locos era capaz de imaginar lo que un humilde técnico de Cheste iba a conseguir en este equipo. Un loco llamado Coberán.
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