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Opinión | La Contra

València

Un golpe Duro para hacer caer el imperio blanco

El gol de Hugo Duro en el Bernabéu fue un disparo directo al corazón de un conjunto merengue que, desde entonces, no ha vuelto a ser el mismo

Hugo Duro celebra su gol en el Santiago Bernabéu

Hugo Duro celebra su gol en el Santiago Bernabéu / Agencias / EFE

Hay noches que cambian la historia. Partidos que parecen trámites o intrascendentes pero que acaban siendo claves en el devenir de un equipo, torneo o competición. Y la del gol de Hugo Duro en el Santiago Bernabéu es una de esas noches. No fue un gol cualquiera del Valencia CF, no fue una derrota más del Real Madrid. Fue un disparo directo al corazón de un conjunto merengue que, desde entonces, no ha vuelto a ser el mismo. El 1-2 que firmó el delantero del Valencia CF no solo dio tres puntos: destapó las vergüenzas de un equipo que vivía de su nombre, de sus estrellas, de sus hitos, de su fuerza mediática… pero ya no de su fútbol.

En pleno templo blanco, ante miles de gargantas mudas, el Valencia CF se alzó como lo que siempre fue y será: un grande de España, orgulloso, combativo y con un sentimiento difícil de entender fuera de la capital del Turia. Hugo Duro, símbolo de una generación que no pide permiso para soñar, firmó el golpe que empezó a resquebrajar el castillo de cristal en el que vivía el Real Madrid. Un gol que fue directo al corazón blanco y que significó más de lo que jamás hubiera pensado nadie.

Porque en este Valencia CF, en pleno proceso de resurrección, ese gol no fue un accidente; fue la consecuencia lógica de un equipo que ha aprendido a competir sin complejos, que ha dejado atrás los miedos de etapas anteriores y que mira a los ojos a cualquier rival, sea quien sea.

Desde esa noche, lo cierto, es que el gigante blanco se tambalea. Perdió la seguridad, el respeto automático que imponía con solo saltar al césped. Se le vio humano, vencible. Como ese Aquiles al que le encuentran su talón, o ese Sansón al que le tallan la cabellera. Un conjunto, el madridista, que tras esa derrota cayó en la Champions, perdió en Liga -complicándose sus opciones de ganarla- y sucumbió en la final Copa. Y todo ello es mérito de un Valencia CF que demostró que era posible ganar a un equipo repleto de estrellas, de historia…pero agotado a más niveles que el futbolístico.

El mérito no está solo en haber ganado un partido. Está en haber cambiado la narrativa. Durante años, el Valencia CF está siendo visto como un histórico en horas bajas. Hoy, gracias a su trabajo, su valentía y su fe inquebrantable, vuelve a ser protagonista de manera directa e indirecta. Y lo mejor de todo: ha demostrado que se puede derribar a los gigantes si se cree en una idea, un escudo o un sentimiento; si se lucha cada balón como si fuera el último. El Valencia ha encontrado en esa victoria su gasolina, su bandera. Mestalla ruge más que nunca, los jugadores creen, la afición vibra. El Valencia CF ha vuelto, no como un invitado inesperado, sino como un protagonista legítimo que no se conforma con aplaudir desde la grada. Que no se limita a cumplir el expediente contra los de su liga y que tiene licencia para construir algo en torno al fútbol que quiere instaurar Corberán.

El gol de Hugo Duro en el Bernabéu es mucho más que una imagen para el recuerdo. Es el primer ladrillo de la reconstrucción valencianista y el primer temblor serio que anuncia un cambio de ciclo en el fútbol español. Y esta vez, el Valencia CF está preparado para escribir su propia historia. Sin complejos, sin miedo. Con la fuerza de quien ya ha derribado a un gigante en su propia casa. Con la fuerza de todo el valencianismo que quiere volver a sentirse grande.

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