Opinión
Lim: ¡Compra el Madrid!

Peter Lim, máximo accionista del Valencia CF, que lleva años sin pisar València. / EFE
El fútbol de antes no era mejor que el de ahora: teníamos personajes pintorescos por doquier, marcados, muchos de ellos, por una corrupción sistémica o por los mil titulares que daban y para ello daba igual de qué equipo fueran. Era más democrático, eso sí: la atención recaía en muchos más equipos y ahora solo en dos. Tan solo dos: eso sí ha cambiado y a mal, a muy mal. Ahora hay un solo eje y sobre él pivota todo o, mejor dicho: más allá de él no hay nada. Y aquí viene lo malo, lo escabroso del asunto: ya no basta con el poder social que un club de fútbol tiene en la actualidad, ahora se trata del monopolio de ese poder que le perpetúe en esa condición de privilegio permanente, de dominio sobre los demás. Y a partir de ahí ya surgen las exigencias de rendir pleitesía, de sentirse inferior, de claudicar más allá de lo deportivo y de someter las voluntades ajenas. Esto es el fútbol actual y no, no pasaba antes. También las excepciones en la aplicación de la ley marcan ese dominio.
En el plano nacional, el Real Madrid es un ejemplo, con un FC Barcelona a la zaga, pero con otras intenciones ideológicas de fondo. En el minúsculo Valencia CF de hoy es Lim y solo Lim. Pero es lo mismo: sentir cómo doblegas, más por temor que por merecimiento, debe ser una experiencia demasiado adictiva. El Real Madrid, por ejemplo, no tiene bastante con ser el club más beneficiado de la historia, y no quiere perder ese deshonroso título forzando a cualquier institución a que se someta, no al club, sino a una jerarquía social que el club dice representar: y para ello lo mejor es reescribir la historia, hacerse pasar por víctima de constantes complots y agitar la conciencia de la gente (solo a los más torpes les convencen) ¿No hace, acaso, Lim lo mismo en el Valencia CF de puertas para adentro? Estamos en el momento más crítico de la historia del fútbol (en general y en particular para el valencianismo), porque la democracia deportiva en las grandes ligas se ha perdido: se acabó el sueño americano y comenzó el sueño saudí, florentí o catarí o lo que sea, porque no se sube por meritocracia deportiva, sino por dinero y no se ponen en marcha los valores del deporte, sino la estrategia comercial. Se acabaron los ideales y quien se aferra a ellos acaba abucheado por todo el mundo, como al bueno de Jaume Ortí en su día.
El Real Madrid ha mostrado esta temporada que hay límites que ellos sí pueden pasar, aunque sea, incluso, a costa de la opinión de un gran número de seguidores que no están conformes con lo que están viendo: presionar al estamento arbitral, a la Federación, al Consejo Superior de Deportes, a la FIFA… todo para que su condición de rey del mambo (ganada en buena medida en el campo) no solo no decaiga, sino crezca, y siga siendo omnipresente y omnipotente. Yo no creo que los árbitros piten a favor del Madrid, sin más: sí creo que por su cabeza pasa que una decisión contra ellos, que les perjudique en su camino glorioso, pesa mucho, te pasa factura y eso te empuja a pensártelo mil veces antes de tomarla. Te somete al influjo mediático, que mueve con agilidad y potencia: esa es la realidad.
Si no me das el balón de oro me enfado, me cabreo, lloro y rompo la baraja. Si no me pitas como yo quiero (¡tendrá narices!) me enfado, me cabreo, no juego la final, mando cartas despechadas, monto vídeos denigrantes y rompo el orden. Si un equipo me gana: lo pierde el Madrid. Si un equipo me rechaza o me silba: deberían estar agradecidos de que nuestra grandeza pise su campo y son racistas, bla, bla, bla etc. Si un equipo le devuelve la moneda del macarrismo en el campo entonces apelan a la permisibilidad y odio del equipo contrario contra el Madrid, como si sus jugadores (excelentes todos, hasta Vallejo si me apuras) no dieran a diestro y siniestro, no cazasen rivales, no insultasen, no provocasen, no intentasen engañar, etc. Son santos varones, víctimas, de nuevo, de la maldad del mundo ordinario. Esto ya cansa (del cansancio ajeno viven, ojo): los jugadores hacen lo que tienen que hacer cuando compiten. Otra cosa es lo que se les permite a ellos y no a los demás: protestas a dos centímetros de la cara del árbitro, actas que rebajan sanciones, quitar castigos en los despachos de forma sistemática, aplaudirte en la cara…y luego les hacemos casi beatos con entrevistas que sacan su lado humano, lo trivializamos todos (como la conducta de Rüdiguer), etc. Son lo que son: ni ángeles ni demonios. Pero se apela al señorío del Madrid como si eso fuera un rasgo de su condición: pues lo del otro día en la Final no parecía muy elegante ni respetuoso. Lo decía muy bien Bordalás: el respeto al otro se debe tener cuando pierdes y cuando ganas. También te digo: la grandeza (muy evidente) de sus victorias en el campo no se le puede discutir, pues ya quisiera yo tener esos jugadores y esa convicción de ganar siempre.
Pero en verdad, lo único que me sale es decir que estoy hasta…de todo un poco: pero, sobre todo, de ver a un Valencia CF tan lejos de lo bonito, de lo histórico e incluso de los debates serios que el equipo merengue sigue abriendo con chulería. Quizá el problema sea ese: cierta envidia por ver que las cosas importantes pasan de largo para ti, porque estás anclado en una tiranía accionarial que te somete a su voluntad, a lo mediocre y al capricho de una persona (u holograma, ya no sé) a miles de kilómetros de sus aficionados. También al oportunismo de aquí. Si Lim no pinta nada ni en Federación, ni en La Liga, ni en la FIFA, ni en la comunidad de vecinos, aquí, en el Valencia CF, en cambio, quiere serlo todo y con esa sensación de poder se acuesta y se levanta, tratando de mostrar toda su grandeza no en la gestión, ni en lo deportivo, sino en nuestra dañada conciencia, que martillea con su desprecio. Sin duda, son personajes así los que hacen que el fútbol sea más pobre en todos los sentidos, menos democrático y más sospechoso de todo lo malo. Cuántas veces me digo lo bien que nos hubiera venido que Lim, en verdad, hubiese comprado el Real Madrid y no el Valencia CF. Es más, le invito a que lo haga. Quién sabe si hoy estarían luchando por no descender.
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