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Opinión

València

Que siga el cabreo de Alonso

Sabiendo que el asturiano está este año lejos de pelear por grandes cosas, reconforta ver cómo le hierve la sangre. Es este el ingrediente que hará que, cuando los dioses o la suerte estén de cara, le volvamos a ver pisando podios

Fernando Alonso, en Imola

Fernando Alonso, en Imola / Agencias / EFE

“Una tortura”, así es como calificó Fernando Alonso su carrera en Imola y él mismo se bautizó como “el piloto con más mala suerte del mundo”. Su jefe de equipo, Andy Cowell, buscó en la intervención de los dioses de las carreras la explicación a un resultado que dejó a los coches de Aston Martin fuera de los puntos. Por una u otra razón, por dioses o suerte, lo cierto es que los cambios introducidos en el monoplaza este fin de semana generaron unas altas expectativas que, desgraciadamente para el piloto español, acabaron en nada.

En la ecuación simplificada que nos ayuda a explicar un resultado entran tres variables: el rendimiento del coche, la estrategia de carrera y la efectividad de las manos del piloto. Hasta este fin de semana era el coche verde el que no andaba, pero las nuevas piezas, desarrolladas en el antiguo túnel de viento de Aston y probadas en el nuevo, parece que han devuelto a la vida al monoplaza. La estrategia del muro fue la acertada, arriesgando al máximo al usar las ruedas medias en la crono del sábado para obtener una mejor posición de salida en la parrilla. Y de las manos del piloto estoy todavía por oír a alguien que me diga que Alonso ha perdido facultades. Así que, una vez resueltas las tres incógnitas de piloto, coche y estrategia, solo queda buscar en la fortuna o en los dioses la explicación de por qué salió la señal de Virtual Safety Car 100 metros después de que Alonso hubiera pasado por la línea de boxes: eso destrozó su carrera.

Toda esa falta de fortuna se tradujo en un enfado monumental de Fernando. Sabiendo que el asturiano está este año lejos de pelear por grandes cosas, reconforta ver cómo a Alonso le hierve la sangre. Es este el ingrediente que hará que, cuando los dioses o la suerte estén de cara, le volvamos a ver pisando podios. Que siga así.

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