Opinión | CONTRAVOLANTES
La Fórmula 1 desfila en Montecarlo

Panorámica del GP de Mónaco / EFE
Poco o nada ayudó el cambio de norma de la FIA para generar más emoción en el Gran Premio de Mónaco. La obligatoriedad de parar dos veces abría, a priori, una hipotética ventana de incertidumbre. A la apuesta de la Federación le faltó un coche de seguridad para hacerla más interesante. Pero eso no pasó. La actual configuración de los monoplazas, con sus casi seis metros de longitud, hace imposible adelantar, incluso con artificios reglamentarios.
Tal vez sean tres las variables que evitan los aburridos desfiles de monoplazas en una pista como la del Principado. La primera es la lluvia: en la retina de los más veteranos quedará la inesperada victoria de Olivier Panis hace 29 años con su Ligier y, para los todavía aún más veteranos, la edición en la que Senna hace 41 años estuvo a punto de derrotar con su modestísimo Toleman-Hart al poderoso McLaren-Porsche de Prost. Solo Jackie Ickx, el director de carrera, evitó la sorpresa al detenerla cuando Ayrton estaba a punto de adelantar en una pista imposible y bajo unas condiciones meteorológicas infernales. Como nos resulta difícil imaginar al actual presidente de la FIA invocando la danza de la lluvia y regar la pista artificialmente no está bien visto, pues lo de la meteorología no es parte de la ecuación y llega cuando llega.
La segunda variable que abre la ventana a carreras inesperadas está en el fallo del piloto: sin decir que manejar un monoplaza actual sea fácil, ya hace muchos años que los cambios automáticos eliminaron la posibilidad de un fallo bajando o subiendo marchas, que es lo que se aprovechaba antaño para pasar a un rival.
La tercera variable es la fiabilidad mecánica: la robustez de los actuales coches dista mucho de la que en los años ochenta del pasado siglo hicieron que Riccardo Patrese ganara en el 82 cuando su Brabham fue el único monoplaza que cruzó la meta. Desgraciadamente, el único motor humeante este año en Mónaco fue el de Alonso, en la primera carrera del año en la que Fernando podía haber puntuado.

Fernando Alonso, tras su abandono en Mónaco / AP
Se seguirá corriendo en Mónaco. Es un icono y no competir allí quitaría parte de la esencia del campeonato y una tremenda fuente de ingresos. Pero habrá que seguir pensando qué hacer para que los aficionados no se aburran y para que los propios pilotos no piensen que más que competir lo se ha hecho es manipular el resultado, como manifestó Carlos Sainz.
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