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Opinión | La Contra

València

«Patrimoni urbà, patrimoni de tots»

El estadio de Mestalla es un espacio de enorme valor histórico que ayuda como pocos a contar la València del último siglo

Partido de liga última jornada Valencia CF vs Celta de Vigo, protesta contra Lim con el vaciado de Mestalla

Partido de liga última jornada Valencia CF vs Celta de Vigo, protesta contra Lim con el vaciado de Mestalla / JM López

Mi admirado Josep Vicent Boira -cuya más reciente obra, la recomendable «València. La ciudad», publicada por la editorial Tirant lo Blanch, realiza una muy personal radiografía de la urbe desde su fundación hasta nuestros días- escribe la tarde del viernes, durante un paseo por la ciudad con parada en la estación de la calle Xàtiva: «I pensar que en 1972 volgueren enderrocar l’Estació del Nord de València. La ‘ciutat monstre’ quasi triomfà. Cal protegir les ciutats per a les generacions que vindran. Patrimoni urbà, patrimoni de tots». 

Esta cita del profesor Boira, que merecería ser esculpida en mármol y colocada en un lugar bien visible de cada acceso a Valencia como antídoto para los planes depredadores que cíclicamente asaltan a nuestras élites políticas y económicas, me lleva a pensar instantáneamente en el destino de Mestalla. Semanas atrás recordábamos en estas páginas, a cuenta del mismo tema, el triste final de varios hitos arquitectónicos de la ciudad -los palacios del Real y Ripalda o los edificios de la Exposición- y la larga sombra de melancolía que proyecta su ausencia. El caso de Mestalla, que algunos minimizan por su condición de recinto deportivo, es perfectamente homologable a cualquiera de los ejemplos señalados. Su valor como elemento destacado del patrimonio local -referencia en la ciudad no solo del brutalismo, sino también de la mejor arquitectura de estadios desarrollada en toda Europa a lo largo del siglo XX- es incuestionable. Pero la necesidad de su conservación va mucho más allá de cualquier consideración artística: es un espacio de enorme valor histórico que ayuda como pocos a contar la Valencia del último siglo. 

A veces se pretende justificar el derribo de Mestalla tomando como referencia la realidad actual de la instalación, minimizando sus virtudes (la singularidad y originalidad que concitan múltiples elogios en este tiempo de estadios clónicos e impersonales) y amplificando sus defectos, bastantes de ellos achacables al estado de relativo abandono en que se encuentra desde hace años. Un amigo me enseñaba el otro día un fragmento de cornisa desprendida en su sector; otros me envían cada quince días fotografías de sus asientos llenos de excrementos de palomas, barro o cáscaras de pipas sin recoger; en la mente de todos permanece viva la sangrante imagen del escudo de la tribuna hecho pedazos bajo una escalera. Esta degradación consentida recuerda poderosamente al proceso que sufren algunos barrios y que lleva a justificar su destrucción por parte de una administración que hace la vista gorda. Verbigracia: el cercano Cabanyal, cuya rehabilitación se nos vendió hace veinte años, en plena era de exaltación del ladrillo, como imposible e inútil.

La brillante jornada ‘Mestalla, el debate robado’, organizada el pasado jueves por Libertad VCF, Últimes vesprades a Mestalla y Juristes Valencians a dos pasos de nuestro viejo, querido hogar, constata que cada vez son más las voces que se suman, desde una perspectiva no necesariamente marcada por la emotividad, a la denuncia de la destrucción de Mestalla. Y que solicitan la apertura del debate público sobre la supervivencia del campo que se nos negó en su momento, oculto por argumentos supuestamente irrefutables. Mestalla es «patrimoni urbà, patrimoni de tots». Y así ha de seguir siendo. 

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