Opinión | Contravolantes
El pánico de Oscar Piastri

Oscar Piastri, pilotando bajo la lluvia / Agencias / AP
Ver ganar en casa a uno de los suyos ha sido para los británicos, sin duda, el resultado perfecto en el Gran Premio de Gran Bretaña en el que celebrábamos 75 años de Fórmula 1. Otra vez McLaren copó las primeras posiciones del podio y con ello los papaya siguen escapándose de forma incontestable en la tabla de constructores. La carrera estuvo trufada de una retahíla de incidentes, accidentes y coches de seguridad fruto de las cambiantes condiciones atmosféricas. La lluvia previa y durante la carrera era la gran amenaza para Verstappen, que partía en la pole gracias a una vuelta excepcional en la crono del sábado. Sin embargo, la apuesta de RedBull de usar poca carga aerodinámica para salir primero el domingo era la receta para sucumbir ante los McLaren en una pista mojada. Y así pasó en la vuelta 8 cuando Piastri le superó. A partir de ahí para Oscar, con unas condiciones de pista muy complicadas, llegaba el momento de administrar la ventaja, pero un accidente de Hadjar hizo que dirección de carrera decidiera sacar al coche de seguridad para neutralizar la carrera. Max se puso en el cogote de Oscar y en la relanzada llegó el momento crítico que determinó el resultado de la prueba: el australiano le dio al de RedBull a probar su propia medicina y frenó para acelerar de nuevo rápidamente. Pocos saben hacer que el tetracampeón pierda el control al volante pero en esta ocasión Piastri pilló desprevenido a Verstappen hasta el punto de obligarle a cometer un error y trompear. No sé si le sorprendió el spray y Oscar pagó los platos rotos: a los comisarios no les gustó el modo en el que el australiano frenó el tren de coches y le cayó una sanción de 10 segundos que, de facto, le arrebataba la victoria. Su compañero Lando se llevó la gloria de vencer delante su público.
Son los comisarios los que disponen de toda la telemetría para la toma de decisiones y hay que confiar en que aplican con rectitud e igualdad el reglamento. Pero resulta chocante ver cómo, si es el líder el que tiene el control del ritmo cuando se apagan las luces del coche de seguridad, a Piastri le sancionan por ejercer ese control.
Lo más patético de todo fue el silencio que Piastri se autoimpuso. Cualquier suegra desheredaría a un yerno tan parco en palabras. Bien sabe el australiano que discrepar de la sanción de los diez segundos no puede más que traerle problemas con la FIA. El ya reservado Oscar, víctima del pánico a posibles reprimendas, selló sus labios con la profunda convicción de que en Silverstone le habían robado la cartera.
Pensando con maldad, lo bueno del resultado es que se reduce la distancia entre los dos pilotos papaya y eso dará más vida al campeonato. Y pensando con bondad, lo mejor es ver a Nico Hülkenberg subir al podio. Después de intentarlo 239 veces reconforta saber que tarde o temprano todo llega.
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