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Opinión | MIEL, LIMÓN & VINAGRE

Juan Bolea

Gonzalo Suárez, el hombre que deslumbró a Cortázar

El director de cine, guionista y escritor, admirado por tantos lectores y espectadores, invita a remontarnos con la lectura de La suela de mis zapatos a sus orígenes artísticos y literarios en aquella España franquista en blanco y negro a la que él regresó procedente del exilio

Gonzalo Suárez, director de cine, guionista, escritor.

Gonzalo Suárez, director de cine, guionista, escritor.

Solo los muy aficionados al tenis recordarán a Juan Manuel Couder. Aquel héroe silencioso que, cuando Manolo Santana perdía su individual en Copa Davis, salía a la pista para ganar su punto. De tan discreto, el olvido lo capturó mucho antes que a Andrés Gimeno, Juan Gisbert, José Luis Arilla, o a cualquier otro jugador de la época. Prematuramente, Juan Manuel Couder se fue al olimpo de los tenistas en 1999, pero ahora, gracias a la entrevista que Gonzalo Suárez le hizo para la Gaceta Ilustrada el 6 de junio de 1963, y que acaba de ser incluida en el volumen La suela de mis zapatos (Random House) podemos reconstruir su figura deportiva. También el talento de Couder no solo para jugar al tenis, sino para contestar a Gonzalo Suárez con respuestas que parecían inspiradas en el personaje de Bartleby, el escribiente, de Herman Melville.

Como Bartleby, Couder era indiferente a la realidad, incluso a su adversario tenístico, ya fuese el legendario Pietrangeli. Suárez describió su estilo de juego en su interviú: «Al cabo de media hora, su rival tendrá la enojosa sensación de estar jugando solo. Contra una pared. De cemento. Las pelotas le serán devueltas con idéntica fuerza, con la misma maquinal exactitud… Couder ganaba sus partidos al anochecer, cuando el debilitamiento de la actividad solar coincidía con el debilitamiento del contrincante de turno». El propio Couder confesaría a su entrevistador —no menos raro que él—, que se consideraba un tenista mediocre, que solo era capaz de jugar bien cinco partidos al año, que no se divertía jugando y que siempre pensaba que iba perder, para cambiar tan solo de opinión cuando ganaba…

La suela de mis zapatos recoge medio centenar de crónicas y entrevistas periodísticas firmadas en los años sesenta por Gonzalo Suárez con su seudónimo Martín Girard. La mayoría fueron publicadas en La Gaceta y en El Noticiero Universal. Se trata de piezas de un periodismo tan innovador para la época que deslumbraron al propio Julio Cortázar. El autor de Rayuela se sacaba el sombrero: «De alguna manera cuyo secreto solo él conoce, Gonzalo Suárez transita desde hace años por los registros más variados de la vida intelectual española, pero esa actitud tránsfuga y casi de fantasma inquieta e incluso enoja a los críticos amantes del orden, los géneros y las etiquetas».

El Gonzalo Suárez admirado por tantos lectores y espectadores, el autor de Trece veces trece o El asesino triste, el director de Remando al viento o Don Juan en los infiernos, invita a remontarnos con la lectura de La suela de mis zapatos a sus orígenes artísticos y literarios en aquella España franquista en blanco y negro a la que él regresó, procedente del exilio, en 1958, y que, radicado en una Barcelona mágica y surreal, pero censurada, sabría colorear con los brillos del talento y con los claroscuros del absurdo.

Por ahí, por su lado anarco y surrealista, le llamaron la atención y entrevistó a personajes como Luis Buñuel. Conoció al genio aragonés intentando Buñuel obtener en Madrid permiso para el rodaje de Tristana. «Se lo rechazaron —escribió Suárez—. Las autoridades todavía no se habían repuesto del escándalo de Viridiana. En España, tras años de estar prohibidas, no iban a ver sus películas ni las ratas. Mejor dicho, sólo íbamos las ratas. Es decir, las de filmoteca y algunas callejeras como yo».

Martín Girard entrevistó a Buñuel en su apartamento de la Torre de Madrid. El director bebía en bota, a chorro, un líquido compuesto de vermut Noilly Prat, ginebra y granadina, más ese ‘misterioso componente’ con que también singularizaba sus martinis secos o buñuelonis. Buñuel confesó al entrevistador que, por encima de la vida misma, no le interesaba nada, ni siquiera el cine de un Hitchcock o de un Orson Welles (aunque salvaba al René Clément de Juegos prohibidos). Mientras iba registrando sus reflexiones, Suárez trenzaba en su crónica, en su ‘pieza’, un retrato físico y psicológico de El sordo de Calanda (según tituló el artículo). Técnica que asimismo empleó en sus entrevistas con otro director, Juan Antonio Bardem, con el boxeador Fred Galiana o con el tirano cubano Fulgencio Batista.

Una lección de periodismo y literatura y la demostración de que el genio (en el caso de Martín Girard) puede ser prematuro.

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