Opinión
¡Amañemos!

Alireza Faghani, árbitro de Irán, durante un partido dirigido a Argentina en el Mundial 2018 de Rusia. / EFE
La Copa del Mundo de clubes de la FIFA ha repartido, en siete partidos una suma a su vencedor, el Chelsea, casi equivalente a ganar la Champions, que dura toda una temporada. Esto, el dinero, mueve el mundo, como nos cantaban Joel Grey y Liza Minelli, en la extraordinaria película “Cabaret”. Y sí, la pasta, la guita, el parné o la lana, entre otros sinónimos, es lo que hace girar la tierra, en mayor o menor medida.
Y eso es de lo que voy a hablar hoy, de la menor medida. Viene a cuento de la sanción que ha recibido el equipo montenegrino FK Arsenal Tivat, por el Comité de Control, ética y disciplina de la UEFA, de 10 años sin poder competir en Europa, a raíz de un intento de compra de partido en la primera eliminatoria de la Conference League de la temporada 2023-24, contra el club armenio Alashkert FC.
Casi dos años de búsquedas, de instrucción y de juicio, para obtener esta primera decisión, porque, no lo olvidemos, ahora podrán los balcánicos recurrir ante la Comisión de Apelación de la UEFA y, si la sanción sigue siendo esta o incluso menor, ante el Tribunal Arbitral del Deporte, el famoso TAS.
No ha acabado aún el sainete y nos quedan unos meses o diría que un año al menos, para ver si se confirma o no la sentencia. Mientras, a no ser que obtenga una medida cautelar, el equipo de Montenegro, estará en el banquillo de las competiciones de UEFA. Pero, ese intento de amaño de eliminatoria, ¿Qué le iba a reportar?
Pues, aparte de los 150.000 euros que son fijos por participar, el haber pasado a la siguiente fase de calificación, le daban otros 175.000 euros y estar en esa segunda eliminatoria, otros 350.000 euros. No será mucho, me dirán Vds., comparado con lo del Chelsea, o incluso con otros premios en Europa, pero para un obscuro equipo, el pasar de fase le supone, para su nivel de presupuesto, un elemento a considerar.
Pero, por otro lado, ¿cuánto se debe pagar al contrario para que se deje ganar? Obviamente, no se puede ir a hablar con los directivos, sino con unos cuantos jugadores, a los que, sin duda alguna, darles unos 20.000 euros (digo yo) a cuatro de ellos, llegaría a 80.000 y aún la ganancia sería buena para los amañadores.
El problema es que se les denunció el intento de amaño y que, por lo que vemos, no podemos ser tan pesimistas como en “Cabaret” y no todas las personas se mueven por dinero. Denunciados el capitán del equipo y el entrenador, éstos dos han caído con una sanción de por vida, con lo que tendrán que dejar el fútbol, porque la FIFA mundializará las penas a todas las federaciones miembros.
Se les ha acabado el fútbol a estos dos, a no ser que consigan una rebaja considerable de los órganos de apelación a los que he aludido. Otros jugadores y miembros del equipo técnico montenegrino han tenido penas de entre seis a diez años, lo que tampoco se queda flojo y, casi seguro, su vida deportiva estará acabada.
El club ha tenido esos diez años más una multa de 500.000 euros, que les enseñará a no querer engañar. Decían algunos medios que era la mayor pena, y sí, empata con otros 10 años al que fue condenado el equipo albanés Skenderbeu en el año 2018. Aún le quedan tres por purgar al otrora eterno campeón de su liga, ahora venido a menos.
Y es que, cuando uno ya no puede jugar competiciones internacionales, los futbolistas rehúyen de firmar con ese equipo y se resiente el nivel. Nos preguntaremos cómo se puede probar las sospechas de que hubo un intento de amaño. En el TAS, como también en UEFA, se basa la decisión de los juzgadores en lo que se denomina en inglés la “comfortable satisfaction”, que sería una satisfacción cómoda o a gusto, en nuestro idioma.
Esto significa que no hace falta probar, como en derecho penal, donde en caso de duda se favorece al reo, y que para condenar se necesitan pruebas irrefutables, pero aquí no, aquí con que estén los juzgadores “a gusto” o “cómodos” con lo que se les da, pues adelante la sanción. Ni tan siquiera se habla de un porcentaje de probabilidades sino de algo mucho más intuitivo.
En fin, que ni todos son corruptos, ni todo el mundo gira por el dinero, pero sí en una gran medida, así que seamos vigilantes y no caigamos en la tentación… Mientras, leamos el último libro de Eduardo Sacheri, “Demasiado lejos”. Disfruten y cuídense.
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