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Opinión | EL PULSO DE ESPAÑA

Madrid

Puigdemont coloca a Pedro Sánchez en el precipicio

Junts se saca un conejo de la chistera y “bloquea” la legislatura para herir de muerte al Gobierno y, de rebote, engordar el argumentario de ultras

El presidente de Junts, Carles Puigdemont, en una imagen de archivo.

El presidente de Junts, Carles Puigdemont, en una imagen de archivo. / Europa Press

Carles Puigdemont y los suyos han querido escenificar solemnemente que son ellos y no tanto el PP, los casos judiciales que aprietan al PSOE o Donald Trump y sus cosas los que colocan la legislatura española en el precipicio. Junts ha impulsado y anunciado a los cuatro vientos un bloqueo general parlamentario. Eso significa que si cumplen su palabra y no se echan atrás, Sánchez y sus ministros podrán gobernar lo que sean capaces de aguantar a golpe de decreto, pero sin capacidad de legislar… salvo que convenzan a los populares o a Vox de que voten alguna de sus iniciativas. ¿Se lo imaginan? No, claro.

La portavoz en el Congreso de Junts, Miriam Nogueras, fue la encargada de desplegar la liturgia con la que se informó al Gobierno progresista de de que su mandato entraba en una pantalla desconocida, en la que pierden el control del guión, si es que alguna vez han logrado tenerlo. “La legislatura queda bloqueada”, proclamó Nogueras. Cabe recordar que el voto de los postconvergentes es fundamental para el Ejecutivo de PSOE y Sumar, que no tiene mayoría y que depende de una amplia y heterogénea amalgama de socios parlamentarios.

A partir de aquí, y cuando todavía no ha dado tiempo a digerir en la política española el adelanto electoral en Extremadura o la dimisión ‘en diferido’ del valenciano Carlos Mazón, han empezado a duplicarse las presiones a Sánchez y a quien no es Sánchez para que se abra otro baile: desde Junts se reclama al presidente que, al menos, comparezca en el hemiciclo para explicar cómo piensa apañárselas a partir de ahora. Desde el PP se insta al PSOE a convocar ya elecciones legislativas sin más demora y, desde Vox y otros sectores de la derecha, repartidos en capas económicas y sociales, se empuja a Alberto Núñez Feijóo a que se atreva con una moción de censura que, por otro lado, Puigdemont tampoco garantiza que vaya a apoyar.

Aún hay más lecturas posibles: El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, ve la legislatura “en puerto muerto” y se inclina por aconsejar a Sánchez que se someta a una cuestión de confianza, mientras que ERC achaca a Junts estar buscando que le hagan “casito” –o sea, foco mediático-´y el PSC considera que está olvidando los intereses de los catalanes primando los propios… eso en un contexto en el que los ultras de Aliança catalana van arrancándole terreno día a día a los de Puigdemont, según los sondeos.

Sumar, por su lado, ha optado por exhibir su enfado y afea a Junts lo que considera un órdago o “estrategia suicida”, basada en la “fantasía de bloqueo absurdo” que a su entender terminará en una vuelta a la mesa de negociación, mientras que los socialistas han elegido hacer como si aquí no pasara nada: mano tendida, compromiso de trabajo “sin demora” para cumplir lo pactado con el partido que ahora les amenaza y nueva reunión del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, con la presidenta de la Eurocámara, Roberta Metsola, para pedirle el uso del catalán en la UE… Tampoco tuvo suerte en esta ocasión. Agua.

Mientras Sánchez le da vueltas a cómo buscar la obligada reconciliación con Junts si quiere sobrevivir, en el Congreso se está echando freno en estos momentos a proyectos legislativos como ‘la Ley Bolaños’; la ley de Familias; la que iba a sustituir a la de Secretos Oficiales por una de norma (excesiva a todas luces) de Información Clasificada; la reforma de la ley Electoral; la ley de Servicios Digitales y Medios de comunicación; la de Protección a la Libertad de Expresión; la que modifica el Sistema Universitario; la relativa a la Jurisdicción Universal y Comercio Exterior en materia de Defensa… en economía solo se salvan, de hecho, las que están vinculadas al reparto de fondos europeos y, por supuesto, hay una seria advertencia a que de ningún modo, en estas circunstancias, habrá presupuestos.

Tampoco habrá, si Puigdemont y su organización siguen en sus trece, una nueva ley de Restrablecimiento de la Comisión Nacional de la Energía o normas sobre la Información Empresarial sobre Sostenibilidad o Industria y Autonomía Estratégica. En el cajón quedaría también la ley de Administraciones de crédito; la que busca prevenir la reduflacción, la de los gases de efecto invernadero o la que atañe a la responsabilidad patrimonial por daños derivados de infracciones del derecho de la UE y el régimen sancionador de pesca marítima. Otros tres proyectos de ley sanitarios se verían afectados. Incluso el que persigue prevenir el consumo de alcohol en menores.

Junts ha puesto al presidente que se jacta de resistirlo todo ante el precipicio, a ver hasta dónde aguanta el vértigo. La única rendija que abre para poder marcha atrás es que se cumplan todos los acuerdos adquiridos en torno a la investidura de Sánchez, pero muchos de ellos no están ya en manos del Gobierno. ¿Entonces? La navidad se acerca con una legislatura cada vez más enferma y debilitada, donde la relación entre hasta ahora socios parlamentarios ha tomado el carácter de tóxica. Amenaza va, amenaza viene con trato humillante entre bambalinas que terminará forzando que salgan conejos de la chistera que frustran al personal en general y solo entretienen ya –y alimentan-a los extremos. En España. Pero también en Cataluña, señores y señoras de Junts. Atentos a los efectos boomerang.

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